viernes, 25 de julio de 2014

Jalando en el conurbano

El carro se detuvo, frente al pequeño kiosco de barrio.  El conductor, un joven avejentado, escuálido, con una gorra grasienta y ropas de un equipo de futbol, siseo al atormentado caballo, huesudo y repleto de llagas producto del castigo y las enfermedades (siempre hay alguien más miserable).  El joven se agacho,  recogió algo bajo el vetusto asiento del carro de cartonero.  Miro a un costado, y al volver la vista, con la mano izquierda se llevó a la boca una pequeña bolsa, sucia y conteniendo una sustancia pegajosa.  Aspiro una, dos, tres, cuatro veces… los ojos giraron sobre sus orbitas, chasqueo los labios buscando saliva, pero la boca está seca, una baba espumosa se atisbo en las comisuras de la boca.  Volvió a mirar al costado, ya sin ver.  A su lado, un pequeño, de no más de cuatro años, habla con otro, justo detrás de él, más pequeño.  Llevan ambos el pelo muy corto, van vestidos con decencia, con ropas limpias, de aquellas que se consiguen en las ferias del oscuro conurbano bonaerense.  El “carrero” siguió “jalando”, los pequeños ni siquiera lo miran, tienen su mundo, con la realidad a su lado y el futuro, tan cercano como una gris tormenta en el horizonte.  La madre, no pasaría los 16 años. Muy delgada, el largo cabello recogido sobre la cabeza culmina en un rodete, (el mal gusto en su máxima expresión), dos piercing le atraviesan partes de la cara.  Aun, hay un rasgo aniñado en ella, un remedo de inocencia.  Pronto, su belleza se esfumaría, como siempre, la belleza se escapa… Se acercó al carro, dijo algo al conductor de los ojos exorbitados, y se trepo ágilmente, los dos pequeños salieron de su mundo, y sonrieron a la niña-madre.  El conductor del carro, azuzo al cansado corcel y partieron por la calle de tierra, ondulante, polvorienta, repleta de basura y la nada misma.  Y quizás, cierto tufo a muerte.  
  

lunes, 7 de julio de 2014

Canción para mis patrias


A mi patria, la más amada
La más pródiga y protegida
no la demarcan en fronteras
Ni en himnos pusilánimes.
La primer patria; se gestó en la revuelta,
Al calor de viejas cubiertas humeantes,
con el dolor estrujante de la noche
del tirano.
En un corte de ruta me dijeron:
“Ya nació tu hijo”
Lo nombre,
Camilo Agustín,
Por designio de la historia.
La segunda; pario del descontento
Del rancio desamor, de la apatía
Y con la soberbia impertinente de su belleza,
Trajo de vuelta la pasión.
Nació el día que los ilusos
Adoran estatuillas,
Con los ojos de su madre, nacía una bruja.
Por la intromisión de viejos demonios
La nombre, Melissa Abigail.
Se hicieron carne, mis amadas patrias
Al calor de las batallas
De la noche del opresor.
El nuevo cielo pario a mis patrias
Las más amadas.
Es que tengo dos patrias,
y el suelo que pisen
al cielo que miren;
ese, ese…
es el color de mi bandera.