domingo, 1 de diciembre de 2013

Aqui en el Tártaro

Aquí en el tártaro
Las rochas
se preñan
cada día
de totalitaria ignorancia.

Aquí en el tártaro
Las rochas
hablan en lenguas
Y maman pijas necias
Y suelen acabar
en calles barrosas.

Aquí en el tártaro
Los sonidos
están sucios,
como
el buen gusto
de las difusas tribus.

Aquí en el tártaro
Unas zapatillas,
cuestan
más que la vida.

Aquí en el tártaro
No lleves
un libro a la calle
Porque los rochos
le pondrán tu nombre
a una bala.

Aquí en el tártaro
al poeta, al poeta…
Lo escupe la vida.
Aquí la patria es
vivir hasta mañana.

Aquí en el tártaro
Las noches
paren
la gran nación ciudadana
Que vomita en cuartos oscuros
Para que el culo
le sangre
en divertidos colores
los siguientes cuatro años.

Aquí en el tártaro
La negra noche
Repudia a los negroides
Agriados.

Aquí en el tártaro
La muerte
anida
en cada esquina
Tras el humo del paco
Y el vocerío incongruente
De las hordas del nuevo cielo

Aquí en el Tártaro
los falsos poetas
Son cobardes
y le temen a la locura
Y esconden
su mediocre osamenta
tras su aparente talento.

Aquí en el tártaro
No hay peor infierno
Que ser yo…





jueves, 22 de agosto de 2013

Desde el Tartaro

Hoy voy a suicidarme
Hoy  voy a suicidarme.
Voy a vivir el último día del infierno.
El negro suelo escurre del caos
de mi vieja pertenencia.
¡Es el Tártaro!
¡Es el  Tártaro!
Yo creo, yo creo….
Pero,
 ya no veo, ya no veo…
¿Adónde mierda se fueron los colores?

Hoy voy a suicidarme
Hoy voy a suicidarme.
Porque el puto cielo no se ve desde el pozo.
¡Es el Tártaro!
¡Es el Tártaro!
¡Es el Tártaro!
Por acá, soy el más necio de todos los pobres.
Y soy pobre entre los pobres,
Y la mesa está siempre servida
mis manos están negras…

Hoy voy a suicidarme
Hoy voy a suicidarme.
Pero las putas muñecas no sangran,
El viejo hastió se quema de tanto esperar.
¡Y las putas venas no sangran!
Un rio verde se apaga en el pozo…
Es el tártaro
Es el tártaro
Es el tártaro.
Y el Silencio
me estremece,
Me despierta,
Pero nunca duermo
Nunca duermo…

Hoy voy a suicidarme
Hoy voy a suicidarme.
La sed, no se apaga nunca,
Pero,
¡Nunca! Soporte el agua.
¿Y dónde han ido los colores?
¿Dónde han ido los colores?
El sábado es igual al lunes
El sabado es igual al jueves
El martes es igual al miércoles
El martes es igual al viernes
¿Y la noche? ¿y la noche?
Alguien grita,
pero nunca viene nadie
Alguien llora,
pero sin lágrimas.
La rabia,
La rabia.
El dolor…

Hoy voy a suicidarme
Hoy voy a suicidarme.
Es el tártaro,
Es el tártaro,
El mío
El mío
Hoy,
Se hizo de noche, pero
Ya no veo esos colores.





martes, 30 de abril de 2013

la reina emputecida del sur


Buenos aires, mi Buenos Aires,
Tu nombre, nacido del prodigio de eclesiásticos
De aventuras y conquista,  de muerte y opresión.
Como la infamia, de la que te hiciste herencia
Se desangra, se desangra…

En una noche de verano, de un diciembre tórrido
El devenir de la muerte, aliado de la patronal corruptela
Y del calor humedecido y pegajoso,
bañado en la pertenencia de la sangre
Y el tizne del humo negro, muy negro…

Buenos Aires, mi Buenos Aires
Arrancaron de tu seno, doscientos pibes, doscientos pibes…
Los extirparon con un tirón de primigenia ignominia,
De infamia mercantil que mancha tus calles
En sangre, en sangre…

Buenos Aires, mi Buenos Aires
Te hiciste gigante, mamaste de la teta iluminista
que en barcos, te escupió la guerrera Europa.
Para ser soberana frente al Rió de la Plata.
Viejo y ancho río al que empujaste y despreciaste,
pero que vuelve, siempre vuelve…

Buenos Aires, como aquel bochorno.
Hubo otro verano, pastoso, acalorado…
Sofocaste a los porteños,
Que enjugan el sudor de las mentiras,
Secreción de hipocresía, de falacia, de horror…

¡Ay!  Buenos Aires, mi Buenos Aires
Otra vez te desangrada,
Cincuenta y un almas, cincuenta y un almas…
Obreros, madres, hijos, padres, nietos
Sombras del conurbano, se desvanecieron, se fueron…

Vinieron a construir la patria ¡en trenes!
Y la desgracia ¡hermana de la desidia! Adjunta a
La corrupta pertenencia de las clases gobernantes
Les arranco el halito de los oprimidos
Para no volver, para no volver…

Buenos Aires, tan grande, idolatrada.
Tan puta y tan desgraciada
Que los proxenetas te reclaman.
De aquel puente, a orillas del rió de excrecencias
A tus plazas, a tu puerto, a tus calles atestadas,
Me hice adicto Buenos Aires.

Y si un día, Buenos Aires,
Y si un día vas a matarme, me iré en cenizas,
en polvo ¡como en una orgía!
Como he vivido, como me has vivido,
Como sos, Buenos Aires, gigante, hermosa, puta…
 y tan, tan… Ingrata.





viernes, 26 de abril de 2013

Los ladrones

Casi tenia 20 años, no recuerdo bien.  Bebía mucho y siempre pintaba un porro por ahí.  Era mi ultimo año de colegio secundario (Uff…) en el turno nocturno, donde los repetidores y los lumpenes éramos arrojados.  La idea de todos— Estado, institución,  docentes, yo mismo)  era acabar ese insufrible lavado de cabeza, para entrar, al fin, en la rueda del explotador y el explotado.  Para, en fin, ser “útil” a la sociedad.
Durante gran parte de aquellos primeros meses, un grupo de mis compañeros, insistían   <salgamos de joda> (boliches, putas, emborracharnos, etc.).   En fin, siempre decía que si, y nunca asistía a la cita.  No es que me hiciera rogar, me olvidaba o estaba ebrio o en otros estados.  Así que un día acordamos hacer un estupido viaje hasta el “Parque Pereyra Iraola”.  Solo para comer un puto asado.  Pero bueno, un domingo, nos encontraríamos en un Shopping de Avellaneda. 
Llega el domingo: Concurrí.  Contaba entonces con un viejo Chevrolet 400 “super sport”, motor 250.  Era viejo, pero bello y poderoso, arrogante y llamativo.  Era mi estilo creo.  Llegue… casi puntual.  Un idiota que se había enganchado a la excursión, llevo un horrendo “Gacel”, al que a duras penas manejaba, le decíamos R. que era su estupido apellido, en realidad era él quien la daba la entidad de Idiota al apellido.  Y faltaba el redentor de una familia acomodada, Seba. que vendría con el Fiat “uno” de su Mamá.  Pero fue en colectivo (no se lo prestaron, jaja).  Y llevo una estúpida sorpresa, un par de máscaras que mientras esperábamos en el estacionamiento, se probo con otro de mis “nuevos amigos”, y rieron, quien sabe porque.  Habíamos adquirido en “Walt Mart” unas míseras raciones de comida y esperábamos al idiota del “Gacel”, que no recordaba donde había estacionado el puto vehículo.  Los minutos pasaban, ya me estaba arrepintiendo de aquella jornada, pero se pondría peor (siempre se pone peor).  La seguridad del lugar y algunos patrulleros de la bonaerense nos vigilaban ¡yo los vi! Así que después de… ¡mas de 20 minutos! Dije. < Nos vamos a la mierda>.  Y arranque el auto.  El idiota  de R. apareció en ese instante.  Respire aliviado, aunque algo me decía que la cosa no estaba bien.   Ya fuera del complejo, el gracioso de las máscaras quizó comprar cigarrillos. <Primero salgamos de acá.> dije ofuscado.  Así que recorrimos unas cuadras y acepte parar en algún kiosco.  Ya en Av. Belgrano, llegamos a la Localidad de Sarandi.  Y pare en un pequeño negocio que conocía.  Justo a 15 metros de una cortada.  Lo siguiente refrendo mis temores.  Un viejo patrullero de la bonaerense, con el paragolpes destruido, salió de la cortada frente a mí y se cruzó frente a mi auto.  Un gorila, negro como una fea noche, de tupido mostacho y entrado en grasas, me apunto con una itaka, al tiempo que lanzaba consignas que yo no lograba oír.  Al pibe de los cigarrillos, lo sacaron de los pelos.  A mi lado esta “Chirola”, también lo bajaron en el aire.  No venían por mí, así que puse al auto en punto muerto y apague el motor.  El gorila de la itaka se acercó a mi ventanilla <BAJATE O TE QUEMO> me dijo.  Así que baje.   Mire atrás, un largo y profundo rio de balizas policiales rellenaban la avenida.  <la mierda, estamos jodidos> pensé.  El gorila del mostacho, me apoyo la itaka en la cabeza <movete o te quemo> y me indico la pared donde mis “amigos” apoyaban las manos.  Chirola lloraba al tiempo que  decía <no hice nada, yo trabajo y estudio>, el idiota de las máscaras había perdido su color original y balbuceaba cosas inentendibles.    Pude ver como a otro, de mis circunstanciales amigos, le arrebataban “la pelota” de las manos y lo llenaban de golpes, el también gritaba <mi papá es concejal> pero de nada sirvió.  Tal despliegue policial, me revelaba algo.  Se equivocaban, creían que éramos algo, que no éramos.  Mientras desvalijaban mi vehículo,   le dije a Chirola que estaba más cerca <boludo, fíjate que no nos pongan nada>.   Un recio milico me pateo las piernas y dijo <cállate que te quemo> era evidente, que estos agentes del orden tenían una obsesión con el fuego.  Mientras, la gente se había reunido, nunca falta el chusmerio que espera estas cosas para revalidar su mediocre existencia.   Una vieja gritaba <mátenlos, delincuentes de mierda>.  El proceso de requisa de ambos vehículos acabo.  Solo entonces recordé la piedra de faso que tenía escondida en el asiento del acompañante.  Por suerte ¡No la descubrieron!

Llamaron a un testigo de entre el público, “casualmente” la vieja que nos quería muertos.  Un policía pregunto < ¿de quién es el Chevrolet?>    ¡Mío! Dije.
Me llevaron frente al baúl del viejo vehículo.  Aun retenía mi llave.  Junto a mí, la vieja (el testigo), un flacucho desgarbado con insignias de comisario (el jefe del operativo), un hombre de buen porte y traje de diseñador (el jefe de seguridad del shopping), mas unos cinco policías bonaerenses.   Era claro, al abrir el baúl, AHÍ ESTARIA EL ARSENAL.  Nos habían caracterizado con certeza: un grupo comando; con un auto de los años 70, un gacel miserable, dos máscaras de goma y seis peligrosos delincuentes de no más de 20 años.  Todo estaba listo, al abrir aquel baúl, todo se rebelaría y semejante operativo estaría justificado.  Yo sabía, que la situación no era favorable, pero… también sabia la verdad.  <Abra> dijo el escuálido comisario.  Introduje la llave, la hice girar.  Se oye un “clic”, la tapa se levantó, y ahí está, ahí está…  No puedo evitarlo, una sonrisa se dibuja en mi rostro, el silencio envuelve la escena, todos miran el contenido del baúl ESTUPEFACTOS.   La vieja, habla primero. <no les peguen, son buenos chicos> y otras diatribas. Yo, no aguanto, me rio.  El delgaducho comisario mira al trajeado con desdén.  El trajeado, lo llama aparte. Le dice algo al oído y se retira.  Un pordiosero milico revuelve el baúl.  La vieja sigue hablando, pide que no nos peguen.  La verdad se rebeló allí dentro; un pollo, tres chorizos, un poco de pan y dos botellas de vino tinto barato.  Claro, junto a una vieja y desafilada cuchilla…







martes, 19 de marzo de 2013

La vergüenza de ser... de ser humanos



¿Con que pasión escribe un hombre al que le duele su propia humanidad?  De la pertenencia de clase al servil lumpen, la gloria del hombre se hace letanía impiadosa de crímenes, de vejámenes, de vil egoísmo y obscena concupiscencia de Dios con el poder, de la nación, con el credo y la muerte. 
De Auschwitz a Campo de Mayo, de Guantánamo a  los campos de Pol Pot.  La vergüenza es el ser humano, ¿cuantas cosas nobles ostenta esta mísera raza?  ¿Acaso la virtud de un artista?  ¿La sensibilidad de un poeta? ¿La belleza de una mujer desnuda? ¡Si la historia humana escurre sangre! Patrimonio de las grandes naciones.  Esclavismo,  explotación,  racismo. ¿Que mejores sinónimos definen a la humanidad? Si la bota militar oprime desde su cuna a la civilización occidental.  Si la espada rige desde siempre los pueblos del mundo oriental.  Grandes logros ha hecho la sociedad, ha creado la ciencia, que ha creado la bomba ¡LA BOMBA!  ¿Cuantas mujeres violo el ejercito imperial en Nanking?  ¿Cuántos niños quemo el Napalm norteamericano en Vietnam? ¿Cuántos zurdos picaneo el milico argento en nombre de la familia occidental y cristiana? ¿Argelia es un orgullo de Francia? ¿Cuánta sangre india le inflo el pecho a España?  Y en 10000 años de humanidad ¿Cuántos gobiernos han desangrado a su propio pueblo?
Del pogromo a la noche de cristal, de Treblinka a la Franja de Gaza, de la muerte en Siberia a la muerte en Irak.  Del hambre en Somalia al hambre en el noroeste argentino. ¿Qué distancia hay? ¿Con que vara se mide esa humanidad? ¡¿Qué maldito genocidio es más popular?!
Yo vi ascender a un cura a la cima de la Iglesia pederasta, y vi a otro cura dar la vida por unos desocupados hambrientos en el sur del conurbano bonaerense. ¿Cuál iglesia es la del humanitario Jesús?  Un hombre, de sotana pálida es bendecido por un occidente de medios masivos imperialistas, totalitarios.  Pero ¡cuidado! No manches el santo sepulcro con la sangre impía de los cruzados en Jerusalén.  ¿Y la bendición de las picanas genocidas en El Olimpo, en la ESMA, en el Pozo de Banfield?  ¿Violar a una guerrillera es la redención de un patriota? ¿Quemar con soplete a un obrero reivindica a Jesús?  Yo creo en la redención del poeta, que se suicida para no ver más la pasión del genocida triunfante.
¿Cuántas son las virtudes del hombre común?  ¿El trabajo de ocho a cinco?  ¿El respeto a la autoridad y a sus instituciones? 
Como solo soy un escriba pobre,  que alaba el alcohol y a las bellas mujeres.  Que cree en la libertad y sus consecuencias.  Que lee libros y observa las estrellas.  ¡Sobrevivo en el culo del mundo! Quizás en quimeras, en lejanas utopías, en hombres dolientes que entregan su vida, en quimeras, en quimeras…  Encuentre la respuesta y pueda saber que mierda tiene de bueno esta humanidad.
  


miércoles, 6 de marzo de 2013

¡Porque no te callan!


¿Como muere un hombre inmortal?
¿Como se calla una voz eterna?
¿Como mengua la vida  que pervive,
en millones de corazones?
¿Como se olvida al hombre que desterró el olvido?

Comandante,  para tus enemigos
siempre el recuerdo se tropieza con tu voz latente
Siempre el recuerdo se tropieza con el nuevo socialismo,
que en tu piel se hace eterno,
en piel cetrina, oscura, del viejo paraíso caribeño.

¿Como muere un hombre inmortal?
¿Como se calla una voz eterna?
¿Como mengua la vida  que pervive,
en millones de corazones?
¿Como se olvida al hombre que desterró el olvido?

Nuevas estrategias  pergeñas, junto a Bolívar y el che.
Nuevas revoluciones  gestas junto a Camilo y San Martín.
Porque allá, allá… donde moran los valientes,
Estas creando esas revoluciones ¡nuevas independencias!
Pero ¡Puta madre comandante!  ¡Tenias que irte ahora?

¿Como muere un hombre inmortal?
¿Como se calla una voz eterna?
¿Como mengua la vida  que pervive,
en millones de corazones?
¿Como se olvida al hombre que desterró el olvido?

Te fuiste ¡pero nos dejaste todo!
Te fuiste ¡pero nos entregaste el futuro!
Te fuiste ¡pero  sos  sueño y la utopía!
El camino nuevo ¡Que detestan los viejos discursos!
Por todo y por todos,
El nuevo mundo lleva tu nombre.

¿Como muere un hombre inmortal?
¿Como se calla una voz eterna?
¿Como mengua la vida  que pervive,
en millones de corazones?
¿Como se olvida al hombre que desterró el olvido?

Comandante caribeño
¡Comandante Sudamericano!
Comandante del pueblo,
del obrero, del paria y el estudiante 
Para vencer, para vencer…

¿Como muere un hombre inmortal?
¿Como se calla una voz eterna?
¿Como mengua la vida  que pervive,
en millones de corazones?
¿Como se olvida al hombre que desterró el olvido?

Socialismo o muerte…
Comandante  Chávez
¡La puta historia no puede negarte!   
Ya te extraño y aun no te fuiste
Si el pueblo grita tu nombre, Comandante…
Como mierda vas a irte, sos mi carne, mi sangre…

¿Como muere un hombre inmortal?
¿Como se calla una voz eterna?
¿Como mengua la vida  que pervive,
en millones de corazones?
¿Como se olvida al hombre que desterró el olvido?

El fusil humeante ¡escupe verdades!
Y libera el escarnio de la barbarie.
¡El cáncer del pueblo, es el puto imperialismo!
Comandante Chávez.  Patria o muerte carajo.
¡Patria o muerte!  ¡Hasta siempre Comandante!


viernes, 22 de febrero de 2013

Puta pobreza


Cambie el dulce elixir del Borbón
Por el espumante y populachero deterioro
De la cerveza.  Mierda. 
¡El puto deterioro de la pobreza!

¡OH! Estrella perro


¡OH! Estrella perro

Yo veo a la estrella perro, que ilumina la Gran pirámide.  De lejos ¡de lejos! el viejo secreto se hace rió torrentoso.  El viejo cielo, que el lobo muerde como al nuevo cadáver, vuelve en oleadas sobre el portentoso sol, que atrofia de calor las muertas almas. ¡Ho! estrella llameante, alumbra el sendero viejo de la humanidad espuria.

Corre, ¡corre el lobo hambriento! en atroz carnicería,  para saciar la sed de los esbirros del nuevo dios.  El ojo lo ve, el ojo lo ve.  Es la sentencia que arrasa el firmamento, sobre nuevas naciones, que claman sangre en el norte y el oriente, en el sur y el occidente.  La estrella perro, destella ¡detrás del sol siempre! detrás del sol siempre…
¡OH! luz verdadera, alumbra el oriente.  ¡OH! luz verdadera, ilumina el poniente de la casta esclavizada…

El rebaño, que camina, que camina...  Es el perro y es el lobo, ahí siguen el viaje, y el hambriento can se relame, las ovejas pastan.  Y la casta esclavizada, en su mansedumbre, cree en el lobo hambriento.  ¡Pero el perro! el perro mira al oriente… ¡siempre al oriente!

Y Nommo le dijo a Dogon, que nacieron del mar, y entre fuego y truenos, vinieron a mí, y crearon las nuevas costas, para gloria del hombre, que floreció de la oscuridad, de las tinieblas…  Murió la ignorancia, pues ahí estas, al oriente, ¡OH! estrella perro, siempre estas… ¡al oriente!

OH, estrella perro, abriste cerrojos y las puertas de oro se abrieron, de par en par, y vino el conocimiento, pero los individuos, no creyeron, solo los hombres de pluma dorada lo percibieron… y murieron y murieron...
La niña arrodillada, esta desnuda en un recodo del portentoso rió… y brillan ¡y brillan! con un solo resplandor, las ocho estrellas.  Y el agua regó las calles y los campos, y dio a luz  ¡dio a luz! la estrella llameante.

El ojo lo ve, el ojo lo ve.  Tras de si el fuego ilumina la humildad del corazón humano, que vive en penumbras para alabanza del creador nuevo, del nuevo dios y de la nueva plebe.  Los emplumados serpiente. Los seis sabios que del cielo vinieron ¡que del cielo vinieron! la luz han unido, son el séptimo cielo, la nueva concupiscencia.

Yo veo a la estrella perro, que ilumina la Gran pirámide.  De lejos ¡de lejos! el viejo secreto se hace rió torrentoso.  El viejo cielo, que el lobo muerde como al nuevo cadáver, vuelve en oleadas sobre el portentoso sol, que atrofia de calor las muertas almas. ¡Ho! estrella llameante, alumbra el sendero viejo de la humanidad espuria.

¡HO! Estrella de oriente. ¡OH! Estrella perro. De mil formas te han nombrado y a mil naciones iluminado.  Siempre al oriente ¡siempre  al oriente! siempre ilumina, las viejas almas , la estrella perro.

viernes, 15 de febrero de 2013

Por mis amigos


Vivir en la calle, comer de las sobras de la calle,  sus rancios sabores, sus ocres olores.  Es siempre duro, es difícil, pero es real.
Caminar, no hay mucho más que hacer, cuando se ha caído en la vida de las calles.  Fui uno de ellos, bebí sus licores inmundos, dormí en plazas y en marquesinas que no querían vender mi esencia.   Pero además de un duro porvenir, del hambre, el frió y la desesperanza agobiante, me abrumaba el cansancio.
Sin más que hacer, uno solo camina, camina… Mi “hogar” era la ciudad de Avellaneda, del Centro a Wilde, del mísero shopping a la sodomizada facultad, así era mi derrotero.  Pero, pocos sabían de mi flagelo, de mi dolor.  Comía poco, casi nada, a veces disputaba a los perros alguna sobra del tacho de la basura, del desdén de las ciudades.  Jamás ¡jamás! pedí nada a nadie, nunca rogué un trozo de pan o una mísera moneda.  Altivo en la desgracia, cultive mas odio, que arrastro en estas horas póstumas.
Un caluroso mediodía, fui hasta Sarandi, allí vivian viejos amigos, a los que ya veía poco.  No quería nada más que un poco de compañía, una charla amena, trivial, sentarme a descansar (¡es que estaba tan cansado!).  Había ido varias veces y solo entonces me di cuenta, siempre llega a la hora de comer.  Aquel amigo, vivía con su padre, un anciano, preparaban un poco de carne asada.  Salude a “M.” y entre en la vivienda, se oyó al viejo gritar –¡Ahh! llego el comensal.  Bueno no importa, alcanza para los tres— Mi amigo rió, pero yo no. Así que me marche.  ¡No buscaba su puta comida! no quería dadivas ni abrazos, creí que eran mis amigos…  Me marche, humillado, a mis calles, a mi soledad y mi hambre, a mi tristeza.  Posesiones inmensas y desoladas, pero mías.    Cuando Salí de nuevo a esas calles, me di cuenta.  El culto a la amistad, no es más que un mar de mentiras, un océano de hipocresía.  Con el tiempo mi teoría se confirmo, así que no creo en amigos…

miércoles, 13 de febrero de 2013

De la nueva militancia


El militante es,
Esencialmente, un hombre libre.
Pero cuando esa mente se somete al influjo
De líderes o concepciones paralíticas
Regresa a la esclavitud.
Su alma se solaza, en su mera pertenencia
a visiones “totalitarias o democráticas”.
El quejumbroso líder desdeña el futuro
Y el hombre pierde su anhelo de libertad.
Asi que, prefiero ¡ser libre!
O morir en la desdicha.
No quiero fichar mi tarjeta
En los cajeros de la burocracia burguesa.
El militante, cuando es joven
Se llena de sueños,
Y quiere ser como el “Che”
 asi que, ajusticia quimeras y cree en utopías.
Cuando crece, el mismo militante,
Si no ha creado su propia esencia,
su propia visión, ¡revolucionaria!
¡Envilecido! por la realidad,
Agotado por la traición y agobiado por la pobreza.
¡Quiere ser perón! Y entonces,
Lo suyo es la traición, la mentira y
El poder.

Guerrillero y borracho


Guerrillero revolucionario.
Te fuiste a guerrear a la muerte
Pues no hay cielo donde moren los héroes.
Perviven, en el panteón de los mil nombres
Que nacen, ¡que nacen!
para crear utopías nuevas.

Yo tambien combato en guerras,
Donde muero, para abonar el camino
Hacia una nueva victoria.
A veces me reproduzco en mentes
¡Vil concupiscencia!
A veces en ciudades,
Donde copulo con las nuevas putas
Porque las viejas, ya no se mojan
con licores agrios.
Me visto, con la piel del lagarto
y lucho, con la furia del león.
En el altiplano me endurezco,
ante el ataque del viento.
Y al calor del desierto
Me sació, del sudor insurrecto
del harapiento.
En nombre del daltonismo
Es poco el color que veo,
Pero es en cielo ¡el viejo cielo!
creador de cien arcó iris
donde siempre vislumbro ¡en mi mente!
el rojo futuro, de albores y quimeras.
El fuego de los combates,
O de las fogatas del hambre
Que alumbran con mil soles.
Las armas obreras, 
las armas del pueblo, tabletean, tabletean.
Siento el frió de inviernos lánguidos
Del egoísmo burgués ¡que aplasta!
Me abrazan los senos de una madre
O de una puta cualquiera ¡que importa!
Un hijo hambriento juega con piedras.
Guerrero del pueblo.
De estandarte su roja bandera,
En el puño mil verdades.
¡Cien mil años viviré!
Cuando me alcance la muerte.
¡Rojas auroras! ¡Rojas auroras!
Brillan en firmamentos.
Que yo no veré, quizás,
Por mi congénito daltonismo
O por mis borracheras nuevas
Donde el viejo guerrero
se ahoga, se ahoga.
Para no morir, o para esperar
La muerte.

 

Mi primer vagina



Era viernes, si mal no recuerdo.  Un frió, aunque soleado tres de julio.  Al día siguiente, cumpliría 13 años, y en ese  prístino día de invierno llego mi nuevo campo de juegos, el sexo. 
La madura madre de un amigo de juegos —seguía siendo un niño—me invito a su casa, con el pretexto de darme algo que su hijo había dejado para mi. 
La ultima, de aquellas vacaciones pobres, en aquel barrio pueblerino, plagado de campechana somnolencia, había sido para mí el despertar a la admirada lascivia de jóvenes-niñas.  Quizás, cierta arrogancia citadina contribuía a esa imagen casi frívola, algo desarrapada, que generaba un halo de sensualidad incongruente, inocente.  Quizás por eso tenia un relativo "éxito" entre las adolescentes, y no tanto, parteneres femeninos de mi especie.  Aunque hasta allí, no eran mas que besos, circunstanciales toqueteos, penetraciones espurias, gimoteos inexpertos...
Sin embargo, esa exaltación de los sentidos pertenecía a esos jóvenes, a esos puberes, era su despertar a la exuberancia del goce, de la carne, de los olores.  Juegos de niños, donde el tacto se amalgama con los sabores nuevos, eternos…
Pero esa tarde, a desgano de mi impericia en esas lides, la madura mujer, de voluptuosas aristas me hizo hombre. ¡¿Hombre?! No lo creo, solo le asigno a mi cuerpo la cuota de ardor necesaria, para sumergirme en la placentera debacle de la promiscuidad adolescente.
Aquellos años, finales de los 80’ eran aun inocentes para esas latitudes, alejadas del mundanal ruido de la naciente inconsciencia neo-liberal, las nuevas generaciones mostraban abiertas a nuevas libertades.  Al despertar sexual, entre juegos infantiles y coqueteos rústicos, bañados de una finísima capa de candorosa avidez por el cuerpo, ardientes de voluptuosidades.
Mi amigo, al que apodábamos flecha—ya no recuerdo la causa— había partido a pasar aquel fin de semana junto a su padre, que vivía en la capital.  Por lo que el penetrar aquel recinto, me implicaba una cierta ansiedad, sabia que estaba donde tantos otros deseaban estar, a solas con la apetecible exuberancia de aquella mujer madura.
  Supongo que sabía su nombre, pero se perdió en la anatomía de aquella decana de los placeres prohibidos.  Con el paso del tiempo, las conquistas y los excesos de toda índole, lo olvide por completo.  Solo atesore el recuerdo carnal de una tarde de placeres vedados, de gemidos, de orgasmos…





El cura y el incrédulo




Un día, una mujer entrada en años, despreciable y de costumbres anquilosadas (de quien me dijeron era mi hermana) me invito a su casamiento, en una iglesia de su barrio.
El cura, se me acerco y me tendió la mano, tenia unos cuarenta años, la cabeza rapada, mentón fuerte y masculino, la nariz chata y doblada.
¿Vos sos O…? pregunto apresuradamente.
Si, dije. A la vez que apretaba mi mano con fuerza, tratando de imponer autoridad.  La mirada era profunda, dura y segura de su fe.
Pregunto trivialidades, típicas de un ministro de la santa fe romana.  Y del pecador redimido.
 Le dije. ¿Fuiste boxeador?
Si, respondió. Hace ya tiempo. Mientras que abría los ojos.
Aha, y ahora ¿solo pones la otra mejilla?
Así es.
Observe el cuello, ceñido fuertemente, las venas parecían a punto de estallar, sentí que me odiaba, o que al menos repudiaba mi existencia.  Mientras apretujaba mi débil diestra, observe su atuendo. Y dije;
No deja de extrañarme la gente de uniforme.
¿A que te referís Pregunto.
Hay muchos uniformes en este mundo,  Demasiados.
¡Ah sí! me dijeron que no te cae bien la policía.
No hablaba de ese uniforme, hablo del tuyo.
¿El mío? Inquirió.
Mire en derredor y le dije.
¿así que esta es la casa de dios?
Así es. Respondió.
Es alguien con muchas posesiones, un autentico cultor de la propiedad privada. 
Tal vez, deberías acercarte a él para conocerlo mejor.
Decime cura; ¿hace cuanto cojes tu mano? (escuche eso en una película), habrás conocido los placeres de la carne en tu vida de boxeador, además de azotarla.
Mmmnnn… su gesto se endureció.
Ahh… Si claro, el sacrificio… la fe… le dije, y seguí hablando.
Hace un rato en la esquina, había un grupo de pibes, muy jóvenes.  Con sus uniformes…
¿Uniformes? Se sorprendió.
¡Si! uniformes.  Usan gorras a las que llaman viseras, así se diferencian de otras gorras, de otros uniformes.  Todos llevan sus casacas futboleras reglamentarias, sus pantalones deportivos reglamentarios y sus “llantas” reglamentarias. Y, algún fierro, o una punta, que mas da.
Son solo chicos, algunos tienen problemas y… argumento y siguió, blablabla.
Lo escuche un rato, tenia experiencia, ya conocía curas y diversos pastores, y variados cultores de la perseverancia mesiánica   Y le dije, mientras encendía un cigarro.
¿Chicos? Hay muchos de esos “chicos”, en muchas esquinas de muchos barrios, todos con sus uniformes.  Los escucho hablar en extraños dialectos, en lenguas de modismos rústicos, ya siquiera son lúmenes…  pero son lo mismo que los uniformados de azul, con sus gorras azules y sus 9 mm reglamentarias.  Ahh si, también tienen estos “chicos malos”, sus armas y también ostentan ese desden de todo uniformado.  Como dije, hay muchos uniformes, demasiados.  Un día cuando el reino de dios gobierne la tierra, ¿Cuál será el uniforme preponderante?  ¿El cuellito y la sotana? ¿El verde oliva? ¿El azul? ¿O el de los muchachos que toman sus cervezas en las esquinas del mundo?
El día que no haya necesidad de uniformes en la tierra, ese, ese... ¡será un hermoso día! ¿No te parece cura?
Hizo una mueca de tristeza y meneo la cabeza.  Adiviné que quería golpearme. Pero la intromisión de la mísera figura de quien dicen es mi hermana, quizás, lo detuvo, o fue amor por el prójimo, o que estábamos en la casa de dios.  Bueno, no lo se, pero asumió, aun en su mente esclavizada que yo era un irredento, un paria o un loco.
Me tendió de nuevo la mano (suavemente ahora) giro y sonrió a las viejas feligresas que asistían al concilio de los nuevos y los viejos esclavos.

sábado, 9 de febrero de 2013

Odio


El Odio, es un sentimiento menospreciado.
Pero yo odio,
con tanta fuerza, que si cagara odio me lastimaría el culo.
Pero yo odio,
y es el único, el único sentimiento real.
No se trata de un banal rencor pasajero,
No es la elocuencia izquierdista del odio de clase.
Es la más atroz mirada que un hombre
Le impone a otro ser humano.
Me hicieron escoria, para morir pobre
Pero arrastro cruces, no la mísera cruz
Del judío mistificado.
Es el odio necio, que jamás muere,
Que se niega a parir nuevas esperanzas.
Odio, aunque el remedo de humanidad
Que mi indecente alma reclama, luche.
El odio, es mi esencia, y entre masas anestesiadas
me hicieron paria.
Me hicieron carne abyecta que proclama…Que proclama…
Hoy, soy el monstruo que todos detestan,
Que repudian las masas, Pero es mi idiosincrasia.
¡Ya no creo! ya no espero…
Solo siento en el profundo devenir de mis últimos días,
El odio que colma mis venas, que atrofia mis sentidos,
Que se hace droga entre tantas adicciones.
Quizás muera ¡o quizás mate!
Pero es mi verdad, tan pura ¡es que odio destila pureza! 
Es lo único puro, todo lo demás, ya fue corrompido,
¡han hecho añicos!la mierda de vida
de un hombre sensible.
Nunca quise este estilo, nunca quise la verdad,
Quise ser, solo uno más… uno más.
Pero aquí, solo en mi arrogancia,
El paria odia… y muere
En la eterna meseta del odio, que reclama,
¡Siempre reclama! que el mísero paria
Lo alimente, que coma de mi experiencia.
Pero odio, escucha esto,
a vos también te detesto.