martes, 25 de diciembre de 2012


Yo escribo


Yo escribo
Porque mi madre,
se impuso la verdad de la muerte
¡Se suicido!
ante mi disipada mirada.
Sus hijos pendencieros ¡ratas de cloaca!
buscan mi muerte,  para detener la suya.
Lumpenes hipócritas del dominio maniqueo,
creados por Dios
¡para representar su imagen!

Yo escribo
Y vivo, viendo caer a mis amigos
¡Y sigo vivo!
Rodeado de cobardes enemigos.
Lucho, en los campos de batalla del capital,
Y aún me revuelco en la pobreza.
¿Cuántas veces? ¿Cuántas veces?
El plomo aullando en mis oídos.
¡Y sigo vivo! Puta suerte.

Yo escribo
Desde aquella noche,
del principio de los tiempos.
Que se hace viaje perenne
¡para el que nunca saque pasaje!
Pero es mi vida, desdicha de los antiguos
Y nuevo flagelo de los desconocidos tiempos.
Yo creo en el obrero
y en su pertenencia de clase.
Y me cago en la nueva izquierda aburguesada
Que sale en los noticiarios.

Yo escribo,
Para detener la muerte que siempre me acecha
en las vías muertas del subdesarrollo.
Me ataron al cuello
Las cadenas de la desgracia,
Y transito el lodazal de mi infame idiosincrasia
Para vivir ¡o para morir!
¡Soñando! con la libertad. 

Canción para un asceta




Hoy he vuelto 
como en otras madrugadas,
a levantarme de mí tumba.
Soy el doliente de muertes viejas
de parias profanos,
a los que lloro asiduamente.
Y sacudo el polvoriento peso de panteones vacíos
Para que el puto mundo me consienta.

Hoy, hay un día claro y luminoso,
Y camino solo, solo…
Entre estos ermitaños sepulcros.
En andrajos me han visto
Los enterradores de esta pesadumbre.
Y sacudo el polvoriento peso de panteones vacíos
Para que el puto mundo me consienta

Un dolor nuevo ha doblado esa esquina,
Siempre hay lugar en un corazón roto.
Soy el asceta de los muertos que venero.
Pero camino solo, solo…
Cantando estrofas de antiguos poetas
Y sacudo el polvoriento peso de panteones vacíos
Para que el puto mundo me consienta.

Quizás,
 este negro mediodía me regale una alegría,
O una buena muerte,
si mi pozo se inunda, acaso salga a flote
y vea una nueva mañana.
Y sacudo el polvoriento peso de panteones vacíos
Para que el puto mundo me consienta.