sábado, 24 de noviembre de 2012

Micelaneas I


En un sueño, tuve un padre
Durante un tiempo.
En el puerto de Buenos Aires,
Le cercenaron la pierna derecha,
Tiempo después, entrego la otra, 
solo por cobardía.
En sueños, creí tener una madre.
La muy bastarda, 
solo amaba a sus hijos delincuentes
Por los que se desvelaba 
en noches de comisaria.
Yo crecí, claro, como un paria,
Entre lumpenes, ignorantes 
y tradiciones anquilosadas.
Me hice hombre, siendo un niño.
Como todo niño, lloraba en las noches,
Como todo hombre,  ya no creí en sueños.
Así que detesto mi existencia,
¡Si soy solo esperma rancio! 
¡de ese tullido rencoroso y cobarde!
¡Si me albergó el útero cansado! 
¡de la católica subordinada!
¡A la mierda mi vida! 
Y que mierda fue mi vida…
Pero ¡Ah! 
Por miserable que haya sido mi existencia.
¡Yo me hice a mi mismo!
Y si no muero, es por mi impronta,
La del sobreviviente, 
del rebelde y del paria.

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