martes, 6 de noviembre de 2012

LA VERDAD Y SUS MODALES


Me vine al mundo,  con los pulmones marchitos
y la mirada necia del derribador de mitos.
De las entrañas de una madre,
podrida en licencias del pobrerío envilecido,
jactancioso en su inocultable ignorancia…
No salí de una vagina, me pario una guillotina,
me corto el metal mellado, corroído, intenso…
Ofensivo y jadeante, le escupí la cara al nuevo mundo,
¡Él! ya lo había hecho…

Así que entre estertores sanguinolentos,
crecí para ser… uno más.
Pero en esa empecinada inconsciencia,  
me abrazo la poesía
que a falta de madre, a falta de padre,
me cobijo bajo su ala ajada, reseca…
Me hice amigo de viejos maestros
¡los humillados de siempre!
Me abrace a esa esencia, para morir de pie,
siempre jugando a ser ¡el que nadie quiere!
los estertores amargos del mendigo fueron mi voz,
y el sediento desierto se poseyó de mi garganta.
Mis viejos maestros ¡mil veces nacieron!
entre añosos bosques y mesetas resecas,
entre el populoso vaho de ciudades burguesas;
individualistas y egoístas…
¡o generosos ebrios!
también se emborrachaban
en las escalinatas de la iglesia.
¡Dios nos odia!  Quizás, sea por eso…
Entre la caña de azúcar del noroeste tucumano,
y la parra de viñedos franceses.
De entre las pampas criollas oí el grito sagrado,
¡guerreros incansables alzando sus lanzas!
el grito se escucho lejos, pero murió…
Como tanta nobleza.
Ajeno a la maquinaria del dominio maniqueo,
de las  altisonantes patrias populistas,
del genocida anhelo de los señores del partido militar…
Creí, creí, creí…  
¡Para no ser! ¡Para no ser!
el mísero paria que escribe estas notas
Y la verdad, ¡Ahhhh! Si, ¡¡la maldita, verdad!!
Cuantas mentiras se han escrito sobre ella.  ¡La maldita verdad!
Me escupió a la cara, para que vea el cielo oscuro,
Y la aplastante perseverancia de los explotadores,
de los… ¡detentadores del poder!
Y si me escupió, fue para que despierte del largo letargo,
del mísero transcurrir de una infancia de mierda.
Otra vez se repite el descargo vil de la saliva en el rostro,
Pero… acaso mi cortesana
¿No me escupe el miembro cuando penetro en su boca?
¿Acaso no escupe el mendigo? suplicando unos mendrugos.
¿Acaso no escupe la señora “bien” a su mucama?
Y el amo ¿no le escupe el trasero a la criada?
¿para sodomizarla en el baño?








1 comentario:

  1. Todos nos humillan y se humillan, un sargazo o una puñalada, ya son lo mismo en este y en todos los tiempos. Moneda corriente la traición, moneda corriente el alcohol barato, moneda corriente la vida perdida. Pero la poesía nunca será aceptada, la verdad siempre será odiada, aguda y filosa, hiere iris y oídos de quienes buscan luz en la muerte, de quienes se decepcionan al no hallar un túnel luego del último suspiro.
    Sería de mi agrado reconfortar algo de tu espíritu Omar, por lo que sucedió en algún momento, por lo que nunca sucedió. Sería de mi agrado compartir una última botella antes del sargazo final. Mientras la gonorrea siga invadiendo la prosa en las bibliotecas y la sífilis infecte los gritos erectos de quienes gritan en medio del silencio, la muerte de los grandes será acaparada por el anonimato y por el tenue y estúpido pensamiento de una "tal vez" trascendencia.

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