martes, 6 de noviembre de 2012


El clavo de Dios



El hombre, le pidió a dios un milagro
Y este, le envió a su hijo
que vago 33 años por la tierra,
Y se dejo morir,
clavado a un trozo de madera.

El hijo de dios,
lego la culpa y el escarnio
a las míseras creaciones de su padre,
que lo asesinaran ¡con goce  y cruel perseverancia!
Clavándolo a un trozo de madera.

Tan imperfectas y pueriles
Son aquellas creaciones de dios,
Que adoraron la osamenta atormentada
De ese muerto resucitado ¡que ellos mismos!
clavaron a un trozo de madera.

Aquellas  criaturas, crearon estados
Y le tributan a “su” iglesia
Que se ufana de su estirpe pederasta,
Y se cubre de plegarias al mismo Dios,
Pero clavaron a su hijo, a un trozo de madera.

Pobre raza, tan maleable
Como  arcilla rancia de lodazales espurios,
Que se engaña en misas sacrosantas
Y ostenta el deicida recuerdo
clavando ¡a sus propios hijos!
a trozos de madera.

Así, la innoble casta pederasta bendice
lanzas y espadas,  fusiles y barcos, tanques y misiles,
Maldice poetas y escupe el vientre violado
De las hijas de Dios, para clavar su osamenta
A un trozo de madera.

Hoy, el pio moralista, el señor burgués
Y la señora  con carteras Louis Vuitton,
Gobiernan las tierras impías,
Legadas del  fuego y la conquista
¡El hombre ha creado la sociedad perfecta!
Juzgando y clavando…
en trozos de madera.




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