sábado, 24 de noviembre de 2012

Micelaneas I


En un sueño, tuve un padre
Durante un tiempo.
En el puerto de Buenos Aires,
Le cercenaron la pierna derecha,
Tiempo después, entrego la otra, 
solo por cobardía.
En sueños, creí tener una madre.
La muy bastarda, 
solo amaba a sus hijos delincuentes
Por los que se desvelaba 
en noches de comisaria.
Yo crecí, claro, como un paria,
Entre lumpenes, ignorantes 
y tradiciones anquilosadas.
Me hice hombre, siendo un niño.
Como todo niño, lloraba en las noches,
Como todo hombre,  ya no creí en sueños.
Así que detesto mi existencia,
¡Si soy solo esperma rancio! 
¡de ese tullido rencoroso y cobarde!
¡Si me albergó el útero cansado! 
¡de la católica subordinada!
¡A la mierda mi vida! 
Y que mierda fue mi vida…
Pero ¡Ah! 
Por miserable que haya sido mi existencia.
¡Yo me hice a mi mismo!
Y si no muero, es por mi impronta,
La del sobreviviente, 
del rebelde y del paria.

martes, 6 de noviembre de 2012

LA VERDAD Y SUS MODALES


Me vine al mundo,  con los pulmones marchitos
y la mirada necia del derribador de mitos.
De las entrañas de una madre,
podrida en licencias del pobrerío envilecido,
jactancioso en su inocultable ignorancia…
No salí de una vagina, me pario una guillotina,
me corto el metal mellado, corroído, intenso…
Ofensivo y jadeante, le escupí la cara al nuevo mundo,
¡Él! ya lo había hecho…

Así que entre estertores sanguinolentos,
crecí para ser… uno más.
Pero en esa empecinada inconsciencia,  
me abrazo la poesía
que a falta de madre, a falta de padre,
me cobijo bajo su ala ajada, reseca…
Me hice amigo de viejos maestros
¡los humillados de siempre!
Me abrace a esa esencia, para morir de pie,
siempre jugando a ser ¡el que nadie quiere!
los estertores amargos del mendigo fueron mi voz,
y el sediento desierto se poseyó de mi garganta.
Mis viejos maestros ¡mil veces nacieron!
entre añosos bosques y mesetas resecas,
entre el populoso vaho de ciudades burguesas;
individualistas y egoístas…
¡o generosos ebrios!
también se emborrachaban
en las escalinatas de la iglesia.
¡Dios nos odia!  Quizás, sea por eso…
Entre la caña de azúcar del noroeste tucumano,
y la parra de viñedos franceses.
De entre las pampas criollas oí el grito sagrado,
¡guerreros incansables alzando sus lanzas!
el grito se escucho lejos, pero murió…
Como tanta nobleza.
Ajeno a la maquinaria del dominio maniqueo,
de las  altisonantes patrias populistas,
del genocida anhelo de los señores del partido militar…
Creí, creí, creí…  
¡Para no ser! ¡Para no ser!
el mísero paria que escribe estas notas
Y la verdad, ¡Ahhhh! Si, ¡¡la maldita, verdad!!
Cuantas mentiras se han escrito sobre ella.  ¡La maldita verdad!
Me escupió a la cara, para que vea el cielo oscuro,
Y la aplastante perseverancia de los explotadores,
de los… ¡detentadores del poder!
Y si me escupió, fue para que despierte del largo letargo,
del mísero transcurrir de una infancia de mierda.
Otra vez se repite el descargo vil de la saliva en el rostro,
Pero… acaso mi cortesana
¿No me escupe el miembro cuando penetro en su boca?
¿Acaso no escupe el mendigo? suplicando unos mendrugos.
¿Acaso no escupe la señora “bien” a su mucama?
Y el amo ¿no le escupe el trasero a la criada?
¿para sodomizarla en el baño?









El clavo de Dios



El hombre, le pidió a dios un milagro
Y este, le envió a su hijo
que vago 33 años por la tierra,
Y se dejo morir,
clavado a un trozo de madera.

El hijo de dios,
lego la culpa y el escarnio
a las míseras creaciones de su padre,
que lo asesinaran ¡con goce  y cruel perseverancia!
Clavándolo a un trozo de madera.

Tan imperfectas y pueriles
Son aquellas creaciones de dios,
Que adoraron la osamenta atormentada
De ese muerto resucitado ¡que ellos mismos!
clavaron a un trozo de madera.

Aquellas  criaturas, crearon estados
Y le tributan a “su” iglesia
Que se ufana de su estirpe pederasta,
Y se cubre de plegarias al mismo Dios,
Pero clavaron a su hijo, a un trozo de madera.

Pobre raza, tan maleable
Como  arcilla rancia de lodazales espurios,
Que se engaña en misas sacrosantas
Y ostenta el deicida recuerdo
clavando ¡a sus propios hijos!
a trozos de madera.

Así, la innoble casta pederasta bendice
lanzas y espadas,  fusiles y barcos, tanques y misiles,
Maldice poetas y escupe el vientre violado
De las hijas de Dios, para clavar su osamenta
A un trozo de madera.

Hoy, el pio moralista, el señor burgués
Y la señora  con carteras Louis Vuitton,
Gobiernan las tierras impías,
Legadas del  fuego y la conquista
¡El hombre ha creado la sociedad perfecta!
Juzgando y clavando…
en trozos de madera.