miércoles, 24 de octubre de 2012

La vulva de Anuket


Camino descalzo entre rosales,
flores rojas y nuevas
que alaban a dios y a la creación.
Desgarran mis piernas resecas
que ya siquiera sangran.
Aguardan, como el esperma del perro,
fecundar de esencia nueva 
los goznes del mundo.
Si hay portones abiertos,
siempre tomo a puntapiés 
las nuevas encrucijadas
 y es que apuro el paso
 para llegar primero a los bares porteños.
Sucia concupiscencia la que engendro mi estilo,
pero aunque no crea en ella,
Se erectan mis novedades para ¡nunca!
desandar los nuevos caminos. 
Velas rojas, arrojan aromas 
que a veces, detesto,
solo el milagro efímero
me devuelve la fe
de los pasillos angostos del nuevo villorrio.
Yo amo al verbo y la palabra escrita,
el pubis adolescente 
y la imprudencia libertaria de años de mocedad. 
Pero soy el cadete de la sociedad de consumo.
Camino descalzo entre rosales,
para andar entre el populacho 
y no vomitar a las puertas del cielo. 
Manos sudorosas me retuercen el pescuezo,
es que ya no creo en esas muchedumbres 
¡que no dicen nada!
Si paseo entre las masas,
es para componer versos nuevos, 
que me liberen el alma,
como un escupitajo en la casa del embajador, 
ellas me repudian. 
Bebo de alcoholes necios 
como el mundo que me consume,
y solo las viejas botellas ociosas
denotan mi presencia.
¡Gonorrea y alcohol! 
vomito precoz de los nuevos parroquianos
de los sojuzgados de siempre. 
¡Me cago en dios y en la sociedad de consumo!
pero rezo en viejos bares
para que fluyan los jugos
que se atropellan en mi reseca garganta.
Me fui a la cama de una mujer vulgar,
después de todo,
somos dos marionetas manoseadas por el tiempo.  
Me sedujeron sus piernas, sus pechos,
me atraparon sus nalgas redondeadas
y lamí del clítoris húmedo
los jugos sagrados de la vulva de Anuket.
Me enamore de esos labios,
del negro cabello que acaricia sus hombros,
simetría perfecta donde acaban mis efluvios,
para no dejar descendencia
que castigue, mis años de Senectud.