martes, 19 de junio de 2012

Reina por un día


¡Que desdichada flor!
 Condenada a reinar,
Durante un suspiro de la vida.
Su exuberante belleza,
Su indómito espíritu de benevolencia,
Su soberano matriarcado sobre escuálidas yerbas, 
vetustos musgos, paisajes taciturnos...
¡Son meros esclavos del tiempo!
Del opresor, del tenaz e inacabable devenir.

¿Cómo saborear las delicias de reinado tan fugaz?
¿Cómo palpitar? en esa efímera exhalación.
¡Los deliciosos aromas y fulgores de la vida!
¿Como admirar la bastedad de dominios tan ricos?
¡En un suspiro de la vida!
Es una lucha cruel y  siempre pérdida,
Con el inmisericorde devenir.

Ella puede legar;
Solo migajas de voluptuosidad,
Lisonjas de otrora brillantes fulgores
De pasión.
Y entonces, su belleza indómita
Se rendirá y sucumbirá.
Y su cadáver mutilado,
¡Cruel destino!  destinado a orlar
Los altares pétreos que,
 en absurda ignominia
Rinden tributo ¡eternamente!
Al infame devenir.

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