lunes, 23 de enero de 2012

A Jim...


¡Que días extraños!

Noche lluviosa, aguacero tenaz
Por la escuálida ventana observo la cellisca,
Mientras, Morrison dice:
“gente extraña, rostros extraños...”
Es entonces, mi anhelo mas profundo.
¡Penetrar esas estrofas!
Esas palabras
Que dicen tanto y a la vez,
Son solo palabras.

Gloriosos divagues de un borracho,
Gloriosos sonidos que arrullan el alma.
Gloriosos versos que abren el espacio
Y el tiempo se pierde allí ¡entre locura y alcohol!
Es la gloria que abraza la nada
Y abarca el oscuro contorno del universo.

“Extraños, extraños, días extraños...”
Y el francotirador, camuflado entre melodías
Dispara con la munición del artista.
El poeta penetra mi cerebro y desnuda,
Las alucinadas pasiones de aquellos malditos.
Un proyectil único, de cristal puro, de esencia.

Éxtasis de percepciones dionisiacas,
Remanso creador al que infunde,
¡La necedad de abrazar lo infinito!
De diluirse en lo absoluto,
De creer en mitos y
Desglosar viejas leyendas.

Versos blasfemos que se arrastran al alba,
Con la claridad penetrando,
Como ladrón impúdico, perenne y hasta risueño.
Sorprendido el verso se escapa.
Su esencia es onírica
Y al amanecer descansa
Pues, en la saciedad de no ser ¡nada!
Se cree más que el guerrero,
¡Mas que el poeta!

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