miércoles, 11 de enero de 2012

Hacia las nuevas eras del hombre



Hacia el norte, muy al norte. 
Las auroras boreales pintan el horizonte
 de colores bellos y formas caprichosas.

Al norte, no tan al norte.
Unos señores oscuros, avejentados, mediocres,
con las manos llenas de sangre, deciden…
deciden, el destino del mundo. 

Claro, claro que no son dioses. 
Claro que son hombres,
tienen mil nombres y un solo destino común;
aniquilar a la humanidad.

Son augustos señores ¡caballeros del capital del hambre!  
Defensores a ultranza de la democracia,
de la explotación del hombre,
de la angustia del botón rojo.

Pero hoy, que aquel botón rojo aparece tan ingenuo,
que parece un juego, un juego…
un juego que juegan los cineastas hollywoodenses, para matar….
habiendo miles de botones, todos, todos,
para aniquilar, para asesinar, para… ¿ganar?

Y este mundo, tan joven y tan bello.
Como un soldado raso en cualquier guerra,
en cualquier época, en cualquier país...
y en cualquier mundo. 
Se antoja indefenso, ante las garras imperiales,
que cortan, que arrancan, que desgarran….

Solo el deseo, parece puro;
el joven mundo, desea la libertad,
al igual que el hombre, que desea a una mujer bella,
que también desea la libertad. 
Y el hombre y la mujer, que también se desean,
que se solazan de goce al contacto de los cuerpos,
 se empeñan en ser… en ser… humanos.

Pero los señores del norte, que siempre
Siempre saben más.  
Tienen amigos, les dicen megatones y los llaman para defender…
¿que defienden?  La nada misma, 
papeles pintados y piedras que brillan… 
papeles que ostentan en lupanares, que les son propios,
papeles que ostentan en tv, de la que son dueños.

Esos señores, del fordismo al toyotismo. 
De la Conquista de America a la revolución industrial,
se limpian las manos, que hieden, que hieden…
Porque han matado, han violado, han explotado,
hambrearon y esclavizaron
 y ahora y ahora…

¿Que mierda quieren ahora? 
Y si, es  así nomas… lo quieren todo. 
Porque a las masas,
A esas ingenuas y manipulables
hordas de esclavos y proletarios,
de prostitutas y amas de casa,
de oficinistas y proxenetas,
se les llenaron los huevos del capital del hambre.

Las revoluciones, aúllan en el horizonte
allá lejos, lejos de mi patria chica, allá en el norte,
se empieza a sentir, se palpa, se goza y se sufre,
la nueva era de las antiguas naciones.  

Aquí, muy al sur, pero no tan al sur
De donde se esmeran las auroras australes
En iluminar el cielo y crear horizontes,
Creemos, creemos en revoluciones…

Antiguas naciones, que deberán morir,
para un nuevo amanecer, para una nueva era,
la del hombre y su esencia, la del amor y la justicia,
 de la verdad y la belleza, del cielo nuevo y del cielo viejo,
 sin opresores ni tiranos. 

¿Qué ellos tienen las bombas? Claro que tienen las bombas,
pero que importa, si aniquilan el mundo
 ¿quién trabajara para ellos? 
¿Quien servirá el salmón y el caviar negro?
¿Quién traerá el oro de las entrañas de la tierra?
¿Quién azotara el látigo en los campos de siembra?
¿Quién  prostituirá a las mujeres solas de los países pobres?
¿Quién  reprimirá a los obreros explotados, que amasan el socialismo?

Ellos no lo harán, aunque exterminen al mundo.
 Y Yo, que soy un mísero poeta ¡un guerrero traicionado!
al que ¡al mundo le importo un bledo!
los espero en la puerta de mi casa,
con una pluma y un fusil en las manos.  

Con una bandera roja que flamea libre.  
¡Y que morirá libre!
o se alzara orgullosa en la victoria. 
Después de todo, que importa si el mundo se acaba,
si vienen degollando,
moriré peleando…

Pero claro, allá, allá, al norte,
no tan al norte,  donde las auroras boreales
dibujan con parsimonia el horizonte…
Ellos, ellos conspiran para acabar con la belleza,
el amor y las revoluciones…
Es que no entienden ¡o quizás si lo entiendan!

Las revoluciones no mueren ¡las ideas no se matan!
los héroes trascienden y el futuro es de los pueblos,
de los pueblos libres…
Se abre paso entre estertores del viejo explotador.
y si no, entonces, entonces
que se acabe el mundo...

Pero viene, ya viene
La nueva era ya viene…
Ya viene, se acercan las auroras que
Escupen al cielo su azarosa belleza
Porque el cielo goza, con la oscura acechanza
De los burgueses, que siempre ganan
Pero ahora, ahora….
¡Ahora Tienen miedo!


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