domingo, 29 de enero de 2012

El vicio de la corrupción


El vicio de la corrupción


De espaldas al abismo del tiempo,
Desnudo ante las garras letales del metal templado
que corroe los huesos.
Descubro el azar de vidas licenciosas,
De los excesos del cuerpo 
¡y del alma!

Sostengo el fusil, ante el ataque de los necios,
De los hombres buenos y justos.
Las jóvenes musas del templo,
Con sus ropajes ligeros, que ostentan
La voraz lujuria del creador, 
ya no me conmueven.

Y al oír el canto de mis años de experiencia,
El océano que circunda ¡esta! mi pequeña isla
Se abate feroz, con vientos de tormenta
Que carcome mis costas, ¡tan efímeras!

Mi atroz juventud, 
contempla a las musas del templo
Bañándose en lascivia, ellas corrompen mi sexo,
Para desgracia del Dios.
Asi penetro esos cuerpos pálidos,
Y bebo de esos flujos ardorosos
Del elixir de Eblis, que envicia mis noches.

Absorbo esos jugos, acaricio esos muslos,
sostengo el cáliz del eterno goce cautivo.
La piel juvenil de esos pechos de ensueño,
Aun ¡quizás! me inquieten. 
Pero yo deseo sus mentes,
Deseo esa carne, pero aun mas, 
anhelo sus juicios, penetrar…
Ah… penetrar en la pureza 
de esas mentes pulcras, ardorosas…

El demonio que habita mi brazo izquierdo, habla…
Y según obra en las leyes del justo moralista;
Puedo profanar el tesoro de sus carnes prietas, 
pero ¡¡¡Ahh!!!
Del aquel que ose corromper con palabras 
que hablen realidades,
Que esculpan el terreno inmaculado 
de jóvenes mentes, ¡¡¡Ahh!!! 
De aquel que hable 
de libertad, pasión y verdad.

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