lunes, 23 de enero de 2012

CARCOSA PERDIDA


Hubo en tiempos inmemoriales,
una ciudad de muros infranqueables
de altas torres y mezquitas doradas.
En ella moran el placer y la belleza.
¡Jamás! horda alguna,
de bárbaros infieles oso pisar
la sagrada tierra del soberano creador.
¡Jamás! Serafín alguno batió sus alas,
en los cielos del creador.
Aguas someras de absurda solemnidad,
Son aguas profundas y puras.
¡Pues son el oasis del creador!

Desanda el camino del solitario,
Que conduce a Carcosa Perdida.
Toma el sendero luminoso
Que conduce a la eternidad.
¡Come! El fruto del árbol que da vida.
Hombres de poca fe, que elevan la mirada
Hacia la bóveda celeste.
¿Encuentran en ella el paraíso prometido
y la paz pía y frugal?

Toma mi mano, déjame conducirte
A la Montaña de Schamballah
¡Adelante! Sacia conmigo tú sed que,
¡De áridas regiones provienes!
¡Desolado y frío! es el camino
de los buenos y de  los justos
Sus bocas están secas; sedientas de sangre
¡Y hambrientos de poder!
Sus manos hieden,
¡Es el hedor del carroñero vil!

 Hombre común, hombre blasfemo y pueril
Deja ya esas palabras vanas.
Toma el camino que da la medicina de la pasión...
Elévate, hermano de vida triste,
Pues las llanuras postreras que transitas
Son para gusanos y serpientes
De perfidia e ignominia.

Y entonces, el señor oscuro enjugara
Todas tus lagrimas y arrojara tu pena
Lejos de los dominios de Belial.
...bebe del néctar del goce y
Satisface la necesidad que oprime tu ser
Canta al compás de melodías dionisiacas
Y los sones del laúd.
¡Deja de una vez
el cadalso de tu cruz!

Vamos hermano ¡no temas!
Cruza conmigo el bosque arcadiano
Toma conmigo el camino de la mano izquierda
Que conduce a Schamballah.
¡Libérate! de las pesadas cadenas
Del pecado original.




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