jueves, 3 de marzo de 2011


Pecados de cuerpo y alma


Esta noche, en horas destempladas,
necias de tiempo, vacías…
He visto al sol en una nueva alborada.
Quizás esos destellos, esas caricias que ahora
Atestan mis cansados ojos,
Preanuncien el nirvana
y la perdición 
de mi cuerpo y mi alma.

Pero esta aurora, 
que azorado de pasión contemplo
No es un prodigio cósmico, ni los ensueños
Del opiómano, del mordaz poeta 
atado al vicio y los excesos.
Quizás la creación de un travieso Dios,
Que gusta de jugar entre los resquicios
De mi cuerpo y mi alma.

Esta noche he visto el paraíso
¡Hecho carne! Hecho mujer.
Jamás, esa niña inmaculada,
¡La perdición de un demonio!
Susurró en mi oído las voces
Que ahora me hablan, que llenan las licencias
De mi cuerpo y mi alma.

Muy lejos de aquí, tan lejana, inalcanzable…
Dispuso los versos que ahora,
En el frío gris de mi solitaria casa
Compongo para ella,
Quien me ha robado una parte,
de las atolondradas perversiones
De mi cuerpo y mi alma.

Ah! Que oscura es esta encrucijada.
Desde el confín del tiempo,
Esa hermosa niña, se ha puesto el corset
Que amarra esta nueva pasión,
Que ostenta esta concupiscencia
De mi cuerpo y mi alma.

¡Que atroz pecado!
Desear lo que no debo,
Beber de esta cicuta que impregna
Los desvaríos del guerrero en llamas.
Que atrofia los sentidos barbarizados
De mi cuerpo y mi alma.

Aun espero verte,
Llenando de luz mi escaso cielo.
Beber del néctar prohibido
que de tu mocedad mana.
Aquí, el silencio restalla en mis oídos
Espero tu voz que dicte sentencia
A los pecados y las voluptuosidades
De mi cuerpo y mi alma.

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