jueves, 3 de marzo de 2011

La mortaja con ruedas

Contemplo el muñón de mi padre,
Y no es lo que más detesto.
Contemplo ese miembro amputado y
Ya no pienso en su dolor.
Ya no añoro los tiempos en que era,
un hombre completo, con piernas como los demás.

Aborrezco esa predilección por la vida ingrata
Al efímero tormento de lo indigno.
Y me digo ¡jamás! Seré como el,
No viviré el suplicio de ser
Lo que no debo ser, lo que dije que no debía ser.
Lo que otros quieren que sea.

Contemplo ese muñón obsceno, que
Se esfuerza por creerse pierna.
Y odio al hombre, que muto en aquel tullido.
Ahora, ha entregado la otra pierna,
A cambio de unas horas sin dolor.
No soy un cobarde, y prefiero la muerte
A la desdicha del ser común.

Lo he visto gemir, en horas interminables,
Y aquel hombre que admiraba,
Se hizo esclavo de una perenne discapacidad.
Atado a su silla, su fe es el vino.
Y ríe en brazos del veneno,
Pero se ha rendido a los deseos de la plebe.

¡Cuánto detesto eso!
¡Padre! ¿Por qué no fuiste digno de mí?
¡Padre! ¿Por qué sucumbiste al lastimero encono de los infieles?
Juro al dios que ose escuchar mis amargas diatribas,
Que jamás arrastrare mi dignidad por el mundo.
Y así, mi hijo sentirá orgullo
De su pobre padre.

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