miércoles, 2 de marzo de 2011

El genio y los tres soles


Un genio, de mil eones distante en el universo,
Aburrido ya de tanta parsimonia.
Se hizo a la tarea de conceder al hombre, ser pueril y blasfemo,
los deseos Mas preciados del vasto cosmos.
Así que hizo de la virtud, embriagarse a los hombres de todas las razas
Les concedió el tesoro de la poesía, y con ella el paraíso de la perpetua trascendencia.
El hombro acogió con inmenso aprecio, aquellos maravillosos tesoros
Y los heredo a la posteridad de los hijos de los hijos.

Tras cientos de años, cerca del costado del poniente de Orión

Los tres soles que mas brillo ostentaban, envidiosos de aquella virtud
Que el genio les negaba por desprecio a su apatía,
Se aliaron en guerra aciaga para castigar al portentoso genio.
Los tres soles, convencieron a los hombres, de la belleza del brillo
de ciertas piedras que habitaban las entrañas de aquel lejano planeta azul.
Asi que los hombres, anhelaron conocer y poseer aquellas piedras que, caprichosas y
Esquivas se resguardaban, de la luz de aquellos tres inmensos soles.

El hombre, ser pueril y lastimero, aprendió de aquellos viejos soles

La doctrina de la envidia y el capricho, del desden y la ignorancia.
Asi que busco en las viejas cuevas de oscuros continentes
Las piedras que emitían su propio resplandor.
Los viejos soles, les dijeron a los hombres que la virtud y la poesía
Valían muchas veces la cantidad de piedras que emitían su propia luz.
Asi que los hombres preguntaron a los viejos soles como encontrar
Las piedras que emitían su propio resplandor.

Tras cientos de años, lo tres soles, se alinearon en el codo de Orión

Y emitieron con más fuerza que nunca su fulgor y esplendor.
Y dijeron a los hombres, que esclavicen a sus pares y que estos,
Hallarían las piedras que emiten luz. Así que el hombre entrego la virtud
Y esclavizó a otros hombres, para regocijo de los tres viejos soles.
Aquellos pobres desgraciados, perecieron por miles hasta hallar
Aquellas vetustas piedras, que emitían luz.

Pero el hombre, no se conformo con aquellos pedriscos deformes

Que solo brillaban a la luz de los tres añejos soles, y pregunto a estos
Como lograr que brillen por si mismos, así que los viejos soles les dijeron
Que llamaran oro y plata a las viejas piedras, y les den forma de joyas,
Y les enseñarían las artes del mercantilista,
para que esas joyas brillen más y más. Entonces, los tres viejos soles, les dijeron a los hombres, que el precio de aprender
Las artes del mercader y del esclavista, seria entregar su ultima virtud; la poesía.

El genio, que tras cientos de eones giro su mirada hacia el codo de Orión, vislumbro, Tras el brillo de los tres viejos soles, que algo había cambiado,

que los hombres Ya no poseían su virtud, no se extasiaban en ella, y ahora
entregaban su preciosa poesía por piedras sin luz,
que extraían de las entrañas de una oscura y añosa montaña.
El genio enfureció, y sometió a los tres viejos soles, en enanas blancas los convirtió
Para que penen en el universo, sin brillo y sin calor. El genio enfurecido, se apiado del hombre,
ser pueril y desagradecido, y los doto de un joven sol, aunque pequeño y caprichoso.
Pero castigo al populacho y al mercachifle, para que jamás desde entonces conocieran la virtud, y la ignorancia se propago por la heredad de los hombres, dejando a los poetas, el dolor de errar por la tierra, componiendo versos que rediman la virtud del ser.
Bajo el manto innoble de infinitas soledades, vaga el poeta desde entonces
Entregando su virtud a los hombres, que desde aquel lejano pacto
Rifan vilmente en las ferias del pueblo.

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