jueves, 3 de marzo de 2011

De hombres libres

Estas calles descompuestas
que recorro desnudo, escarchado, descompuesto.
Estas calles pueblerinas, con millones de espíritus esclavos.
Estas calles, calles del conurbano, asoladas de dolencia.
Rostros infames, montados en espadas, montados en pólvora negra.
Atestados reductos que contagian el alma.
Pero soy libre, ¡soy un hombre libre!

Calles, calles que despiden hedionda idiosincrasia
De triviales esperanzas, colmadas de silencio,
Se vuelven gloria entre los hombres pueriles.
Compartir el disgusto de la muerte viva
Compartir el sustento de noches sin tiempo
El frió de la pobreza y el hambre de insomne tristeza,
En tiempos del amor echo trizas.
Pero soy libre, ¡soy un hombre libre!

Yo que nací para ser el rey del mundo,
Sostengo el cayado del pobre sumiso,
La perfidia de voces brujas que me sojuzgan, ¡quieren abatirme!
Y el dolor que me abraza, carcome mi esencia, de a poco
Se extingue como una vela olvidada al azote de vientos innobles.
Ungido de mil coronas de espinas,
yo que nací Para ser el rey del mundo,
Soy solo un hombre libre, el paria de mil naciones,
El reflejo de charcas inmundas,
corruptas de tiempo.

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