viernes, 11 de marzo de 2011

Versos de la Indisciplina




El aburrimiento. Ah! El aburrimiento.
Seguramente, este fastidio que me agobia,
esta nebulosa inacabable que ostenta
una insalubre simbiosis con la soledad,
se convierta pronto en tumba escabrosa
que exhiben los vacíos agujeros del cosmos.

Estoy aburrido, no puedo evitarlo ¡me siento vació!
Recorro mesetas heladas, me muevo
con la desdicha de un gato encerrado.
Me ahogo en aguas baratas, en míseras aguas de lumpen.
Me siento, como un hombre común. ¿Lo soy?
No hay utopía, no hay poesía.

La música se escapa en el quejido del viento,
y ya no hay nada. Solo estrofas que susurran…
¡Estoy más solo que nunca!
La adrenalina no atiborra mi cuerpo.
No tengo realmente amigos, no tengo realmente amantes,
Mis noches no llenan los vacíos de mi espíritu.
Acabar, en un instante efímero, acabar en un último esfuerzo,
en una ultima contemplación.
 ¿Es acaso abrazarlo todo?

Y después, es volver al ostracismo
Lo único que puedo afirmar es que sigo siendo el mismo,
No tengo temor, no le temo a la muerte, no le temo al desafió,
Pero ahora, los retos son inocuos, pueblerinos.
Habito esta urbe inmensa, pero tan vacía,
 tan llena de podrida rutina
Toda la gente es igual, visten igual, hablan igual, comen igual,
Hasta creo que sienten igual,
Seres clonados en laboratorios de desden y decadencia.

Supongo que para ellos, una pija es igual a otra
y un clítoris áspero, les resulta empalagoso.
Escuchan los mismos sonidos, quizás los mas ebrios.
No tengo donde ir, corro pero ignoro el destino,
¡solo escucho el silencio!
Aguardando el clamor sagrado, que nunca llega.
Sigo buscando, sigo corriendo y sigo esperando.

Subsisto y no quiero esto,
No quiero el atroz flagelo de ser una gota en el mar.
Ahhh! detesto este frió, ¡este frió atroz!
De esta estepa inacabable,
quizás me rinda y termine de bruces,
Y pienso, lo mejor ¿¡seria la muerte!?

En el frió de esta escarcha sin fin, sin tiempo, sin razón.
Algunos dicen que los milagros existen, ¡quizás!
deba aguardar que uno me alcance.
Quizás, aguardar el fin.
Pero sigo esperando, no me traiciono
¡sigo siendo el mismo!
El oscuro demonio al que todos detestan;
Indisciplinado, insaciable, insolente, insurrecto,
El desarrapado De Moley de las nuevas huestes,
Altivo, desgraciado, soberbio, lujurioso.

El ruin personaje que todo lo ve,
 ¡cuanto detesto tener razón!
Soy la parte oscura de la sociedad barata
que se ignora a si misma,
Que rehúsa ver, que se esconde bajo alfombras rusticas.
Yo estoy aquí, el tiempo no absorbe mi esencia,
Bajo el manto helado de este infinito páramo,
de este hastío que consume el alma.

Un día, la infame sociedad de seres replicados
acabara con mi alma inútil ¡blasfema!
La verdad será una y las puertas del mundo seguirán abiertas.
¡Porque el cielo habla! Y me ha dicho,
¡Yo soy Dios! El abismo infinito, con pueriles juramentos.
¡Oh! Sea el Ocaso del creador,
Pasare el oscuro barranco de los pobres,
 ¡y abrazare el infinito!
Después de todo, soy la imagen que detestan las marquesinas
El barbado de fatigosa presencia,
Siempre listo a despreciar lo más sagrado,
Siempre voraz,
 ¡el que busca mentes nuevas!

jueves, 3 de marzo de 2011


Pecados de cuerpo y alma


Esta noche, en horas destempladas,
necias de tiempo, vacías…
He visto al sol en una nueva alborada.
Quizás esos destellos, esas caricias que ahora
Atestan mis cansados ojos,
Preanuncien el nirvana
y la perdición 
de mi cuerpo y mi alma.

Pero esta aurora, 
que azorado de pasión contemplo
No es un prodigio cósmico, ni los ensueños
Del opiómano, del mordaz poeta 
atado al vicio y los excesos.
Quizás la creación de un travieso Dios,
Que gusta de jugar entre los resquicios
De mi cuerpo y mi alma.

Esta noche he visto el paraíso
¡Hecho carne! Hecho mujer.
Jamás, esa niña inmaculada,
¡La perdición de un demonio!
Susurró en mi oído las voces
Que ahora me hablan, que llenan las licencias
De mi cuerpo y mi alma.

Muy lejos de aquí, tan lejana, inalcanzable…
Dispuso los versos que ahora,
En el frío gris de mi solitaria casa
Compongo para ella,
Quien me ha robado una parte,
de las atolondradas perversiones
De mi cuerpo y mi alma.

Ah! Que oscura es esta encrucijada.
Desde el confín del tiempo,
Esa hermosa niña, se ha puesto el corset
Que amarra esta nueva pasión,
Que ostenta esta concupiscencia
De mi cuerpo y mi alma.

¡Que atroz pecado!
Desear lo que no debo,
Beber de esta cicuta que impregna
Los desvaríos del guerrero en llamas.
Que atrofia los sentidos barbarizados
De mi cuerpo y mi alma.

Aun espero verte,
Llenando de luz mi escaso cielo.
Beber del néctar prohibido
que de tu mocedad mana.
Aquí, el silencio restalla en mis oídos
Espero tu voz que dicte sentencia
A los pecados y las voluptuosidades
De mi cuerpo y mi alma.

La mortaja con ruedas

Contemplo el muñón de mi padre,
Y no es lo que más detesto.
Contemplo ese miembro amputado y
Ya no pienso en su dolor.
Ya no añoro los tiempos en que era,
un hombre completo, con piernas como los demás.

Aborrezco esa predilección por la vida ingrata
Al efímero tormento de lo indigno.
Y me digo ¡jamás! Seré como el,
No viviré el suplicio de ser
Lo que no debo ser, lo que dije que no debía ser.
Lo que otros quieren que sea.

Contemplo ese muñón obsceno, que
Se esfuerza por creerse pierna.
Y odio al hombre, que muto en aquel tullido.
Ahora, ha entregado la otra pierna,
A cambio de unas horas sin dolor.
No soy un cobarde, y prefiero la muerte
A la desdicha del ser común.

Lo he visto gemir, en horas interminables,
Y aquel hombre que admiraba,
Se hizo esclavo de una perenne discapacidad.
Atado a su silla, su fe es el vino.
Y ríe en brazos del veneno,
Pero se ha rendido a los deseos de la plebe.

¡Cuánto detesto eso!
¡Padre! ¿Por qué no fuiste digno de mí?
¡Padre! ¿Por qué sucumbiste al lastimero encono de los infieles?
Juro al dios que ose escuchar mis amargas diatribas,
Que jamás arrastrare mi dignidad por el mundo.
Y así, mi hijo sentirá orgullo
De su pobre padre.

¡Crea, latinoamerica! crea, revoluciones...

¡Hoy! 
reina impune 
el capital del hambre.
El oprobio lacerante 
de la ambición burguesa,
de fastuosidades y lujos,
de ostentación obscena.
pero, ¡ay! Patria mía.

¡Latinoamerica!
Podrán herirnos y matarnos,
Podrán jactarse 
en su altivez y barbarie.
Podrán desangrar a un pueblo
Con sus hordas verde olivo.
¡Pero no son eternas! 
las cadenas del opresor tirano.
Nace un hombre nuevo
Al sur del rió Bravo.

¡Ruge! 
el portentoso estruendo
Del pobrerío insurrecto,
De masas con sed de justicia
Y su dignidad sagrada.
¡Patria o Muerte!

¡Grita! 
el hijo con un sueño,
Entre ojos un destino
De libertad y justicia
y arrogancia libertaria.
¡ Revolución!
y crea, y crea...

Los tres reyes

Tras largas tertulias invoco
Tu nombre  ¡OH Luzbel!
Ladrón del fuego que alumbra
La oscura esencia de las mentiras.
Espero tu cavernosa voz,
Que imparte justicia.
¡OH! Portador de luz,
Entre oscuridades ya olvidadas

Danos tu sentencia ¡OH, Lucifer!
Profeta infame,
Corruptor del pío moralista.
Juez incólume
Del agrio desvelo,
De los buenos y los justos.
Somete con tu puño,
Golpea, golpea, en la mesa fortuita
De los ataviados señores del bondadoso cielo.

Y ya consumidos por el fuego impúdico,
Comanda las tropas  ¡OH Satán!
General sanguinario, rebelde perpetuo...
Guíanos a la victoria ¡por mil años ansiada!
Por mil años tú derrota impostada
Desangra al tirano
Que reina en el cielo,
Tan tuyo es el bien
¡Que han bendecido el mal!


¡OH! Luzbel, Lucifer y Satanás


De mil hombres nacerán,
mil bastardos de su fe arrancada.
Y por mil siglos, arderán  ¡arderán!
En el fuego fatuo del justo inquisidor.
Y ya en la hoguera,
Aquellos hijos ¡ya vencidos!
Susurraran las voces, que invocan los nombres.
De los tres reyes,
Bajo siete llaves, su virtud ha sido encerrada
Y en el frió escarnio del olvido,
Resonaran sus nombres
¡en tropeles de blasfemia!
Luzbel, Lucifer y Satanás.

Los traidores

Heme aquí, nuevamente
en el vacío espacio que compone mi universo.
Nuevamente la traición,
se ha hecho carne sobre mis tierras yermas.
Nuevamente el escarnio de la soledad,
se hace hierba mustia
que sucumbe,
 al fondo de mi vacía casona.

Alguna vez tuve amigos,
a los que abandone, aterido de desdichas,
Y ahora, que abro puertas a diestra y siniestra
¡que exploro mas caminos que antes!
Los nuevos senderos se llenan
 de seres vacuos, de herencias estériles, 
de pasiones inocuas.

Aquí el cielo, es siempre gris.
¿Porque atesoro pasiones que todos odian?
¿Porque atesoro placeres que pocos gozan?
¿Porque la traición se hace carne en mi esencia?
¡¡¡Si siempre di la vida por cualquier persona!!!
¡¡¡Si siempre espere poco, aunque lo doy todo!!!

Que necia es esta rancia existencia,
donde el pueril, el delator y el inquisidor 
¡siempre triunfan!
Si hay un cielo mejor, espero abrir esos cerrojos
y contemplar, ¡por un instante!
Un templo donde el dios sea la verdad,
y su Mesías ¡La justicia!

A las puertas del infinito

Amigo, siempre presente en la oscuridad
De mis días de militancia,
Te fuiste entre el humo y el estrépito de míseros cañones.
Tras meses de inútiles desavenencias,
Fuimos hermanos de nuevo, como caídos del cielo.
El destino quiso, o lo quisimos los dos,
Que me dieras el último abrazo, cuando atravesabas el umbral
De la vida hacia, el eterno reposo del guerrero.

Tu voz, que resuena en mis oídos me dice ¡Adiós amigo!
Pero no te creo, aun estas entre nosotros,
Como creer que no esperaste para marcharnos juntos.
Pero te vi frío, quieto y con las mustias vestiduras de difunto,
Pero esa mortaja nunca abarcaría tu esencia, tu anhelo…
Te fuiste a ocupar un lugar en constelaciones,
A subvertir nuevos universos, a conquistar nuevas tierras.

Pisamos juntos el barro de la pobreza,
Y la satisfacción de combatir la tiranía del capital del hambre.
Hermano, te fuiste a abrir nuevos caminos,
A reclutar tropas nuevas, a crear nueva vida…
Y te extraño, ¡claro que te extraño!
Aun requiero tu presencia ante los nuevos combates,
Ante el oprobio de traidores y el psicobolche del nuevo peinado.
Estas en la gloria, descansa entre guerreros, que el cielo inocuo
No será nunca, morada de rebeldes.

¡Hasta la victoria siempre hermano! ¡Hasta siempre amigo!
Un día, volaremos juntos por los nuevos cielos abiertos,
Un día, brindaremos por los nuevos tiempos que vendrán.
Brindaremos a las puertas del infinito
¡Hasta la victoria siempre!

"dedicado a la memoria de Carlos "petete" Almiron, entrañable compañero revolucionario y sobre todo mi amigo.

De hombres libres

Estas calles descompuestas
que recorro desnudo, escarchado, descompuesto.
Estas calles pueblerinas, con millones de espíritus esclavos.
Estas calles, calles del conurbano, asoladas de dolencia.
Rostros infames, montados en espadas, montados en pólvora negra.
Atestados reductos que contagian el alma.
Pero soy libre, ¡soy un hombre libre!

Calles, calles que despiden hedionda idiosincrasia
De triviales esperanzas, colmadas de silencio,
Se vuelven gloria entre los hombres pueriles.
Compartir el disgusto de la muerte viva
Compartir el sustento de noches sin tiempo
El frió de la pobreza y el hambre de insomne tristeza,
En tiempos del amor echo trizas.
Pero soy libre, ¡soy un hombre libre!

Yo que nací para ser el rey del mundo,
Sostengo el cayado del pobre sumiso,
La perfidia de voces brujas que me sojuzgan, ¡quieren abatirme!
Y el dolor que me abraza, carcome mi esencia, de a poco
Se extingue como una vela olvidada al azote de vientos innobles.
Ungido de mil coronas de espinas,
yo que nací Para ser el rey del mundo,
Soy solo un hombre libre, el paria de mil naciones,
El reflejo de charcas inmundas,
corruptas de tiempo.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Proclama del nuevo mundo

¡Amigos, hermanos, hijos, amantes, oyentes, publico en general!
Quiero hacer una proclama, quizás la última en esta morada,
un viejo calabozo, que abre sus portones y me escupe de aquí.
Creado por Dios, en los días oscuros de la caída del reinado de Dionisio, en eras perdidas, con la insolente cadencia de la noche de los tiempos.

En tiempos del hombre, caído en desgracia, arrojada su osamenta desde las alturas celestiales a las agrestes planicies del reino de Eolo. Fue entonces cuando se oyeron las voces nuevas y los cantos blasfemos que surgieron de entre bosques y tumbas.

Y cuando los niños, engendrados en lujuriosa y promiscua concupiscencia, se hicieron hombres a los ojos del padre.
Cuando las novicias doncellas rompieron sus anillos y se bañaron en la verba del nuevo Dios, para estremecer el cielo con voluptuosa arrogancia.

¡Fue creada la noche! Y la solemne luminosidad del día, marchó a esconderse tras velos rojizos, pues, se abochornaba de las libertinas prácticas noctámbulas. Cuando ángeles simétricos, incubaron el dulce néctar del goce, los líquidos incestuosos que embriagaron a los hombres y corrompieron su don, fue creado el poeta,
¡El nuevo Dios de escasos súbditos!

Yo soy Omar, hijo del murmullo nocturno.
Y declaro las noches, ¡el reino de lo prohibido! ¡Huerta de los excesos! ¡Zona liberada para inútiles guerras!
Que la ingle de Luzbel guíe a los peregrinos, a los olvidados dominios de Dionisio, que la tierra vomite a incubos y súcubos, para cometer concupiscencia con las hijas del infame Creador.
Hoy, vuelvo a la tierra, romperé mis cadenas, forzare los cerrojos que me atan al cadalso de esta barbarie.

En noches sin tiempo, mis fieles, crearemos nueva vida, simiente pura...
El germen de la rebelión habita en esas musas.
Un viento procaz, azota ya las estepas que gobiernan los hombres buenos y justos.
¡Oigan mi voz! Oh! Astaroth, Nergal, y Bheemonth.
¡Vengan a mí! Oh! Baalfegort, Adremalech y Balberinht.

Las puertas están abiertas. El necio pueblerino, se retuerce en espasmos de dolor, en bilis sacrosanta, para morir en pía mansedumbre.
¡Vengan a mí! Oh! Doncellas del mundo. ¡Hay fuegos ardiendo! hay fornicaciones inmensas, las orgías comienzan. En noches paganas, reinara la lujuria y el amor a los placeres del cuerpo.

Oh! Azathoth, abre la puerta al vacío, muéstranos tu forma incognoscible.
Camaradas poetas, el reino de Yog-Sothoth abre los portones de la gloriosa Iram.
Oh! Gran Cthulhu, redímelos de la desgracia de ser malditos.
Ya te veo cruzar el portal del viento norte,
Oh! Shub-Niggurat, trayendo contigo un millar de jóvenes deseosos.

Amigos, poetas blasfemos, ayer escaldados en piras fatuas.
Un nuevo reinado ha venido, con el recelo del cielo, el nuevo mundo será nuestro.
Tomen lo que es suyo por derecho, las nuevas huestes enarbolan los estandartes de una nueva era.
El reino de la poesía y el placer del cuerpo y el alma.

Todas las vidas del mundo

Las vidas simples son mejores,
Una mente vivas, inquisidora, se redime de su pobreza
Pero atesora el dolor de no ser como el mundo.
Y al pie del cadalso, ¡se retuerce de heroísmo!
Pero a las vidas simples ¡no les importa un carajo!
El poeta muere, después de padecer la vida,
y olvidado regresa, en cenizas de pasiones borroneadas.

Está, mi vida compleja, es una piedra que ate al cuello
De mis eternas desdichas,
Disgustan como la masa del planeta y
Duelen como la circuncisión del proxeneta.
Que puta suerte. ¡Ser pobre y a la vez poeta!
Y es que no valgo algo mejor,
Como un trozo de carne, una vez tragado
Me vuelvo desperdicio, inmundicia
Y allá voy, al pozo negro de la vida.

Hoy

Hoy, se ha hecho noche para esculpir pirámides,
Pero aun atesoro la verborragia de los humillados.
Como en nuevos ateliers, sin pintura en el suelo,
Las novicias se masturban en escuálidos banquetes.
Quizás, algunos gritos se transformen en canciones,
Y admirados del poeta, escupan a la cara del burgués.

Hoy, que soy yo quien fustiga al misero látigo,
Me arden las manos, es que no se castigar como Dios.
Y sin doctrinas, solo soy el proxeneta
de las nuevas musas de escaso vestido,
que lamen el falo de la nueva fe.
Es que hoy, se ha hecho noche para esculpir pirámides.

El genio y los tres soles


Un genio, de mil eones distante en el universo,
Aburrido ya de tanta parsimonia.
Se hizo a la tarea de conceder al hombre, ser pueril y blasfemo,
los deseos Mas preciados del vasto cosmos.
Así que hizo de la virtud, embriagarse a los hombres de todas las razas
Les concedió el tesoro de la poesía, y con ella el paraíso de la perpetua trascendencia.
El hombro acogió con inmenso aprecio, aquellos maravillosos tesoros
Y los heredo a la posteridad de los hijos de los hijos.

Tras cientos de años, cerca del costado del poniente de Orión

Los tres soles que mas brillo ostentaban, envidiosos de aquella virtud
Que el genio les negaba por desprecio a su apatía,
Se aliaron en guerra aciaga para castigar al portentoso genio.
Los tres soles, convencieron a los hombres, de la belleza del brillo
de ciertas piedras que habitaban las entrañas de aquel lejano planeta azul.
Asi que los hombres, anhelaron conocer y poseer aquellas piedras que, caprichosas y
Esquivas se resguardaban, de la luz de aquellos tres inmensos soles.

El hombre, ser pueril y lastimero, aprendió de aquellos viejos soles

La doctrina de la envidia y el capricho, del desden y la ignorancia.
Asi que busco en las viejas cuevas de oscuros continentes
Las piedras que emitían su propio resplandor.
Los viejos soles, les dijeron a los hombres que la virtud y la poesía
Valían muchas veces la cantidad de piedras que emitían su propia luz.
Asi que los hombres preguntaron a los viejos soles como encontrar
Las piedras que emitían su propio resplandor.

Tras cientos de años, lo tres soles, se alinearon en el codo de Orión

Y emitieron con más fuerza que nunca su fulgor y esplendor.
Y dijeron a los hombres, que esclavicen a sus pares y que estos,
Hallarían las piedras que emiten luz. Así que el hombre entrego la virtud
Y esclavizó a otros hombres, para regocijo de los tres viejos soles.
Aquellos pobres desgraciados, perecieron por miles hasta hallar
Aquellas vetustas piedras, que emitían luz.

Pero el hombre, no se conformo con aquellos pedriscos deformes

Que solo brillaban a la luz de los tres añejos soles, y pregunto a estos
Como lograr que brillen por si mismos, así que los viejos soles les dijeron
Que llamaran oro y plata a las viejas piedras, y les den forma de joyas,
Y les enseñarían las artes del mercantilista,
para que esas joyas brillen más y más. Entonces, los tres viejos soles, les dijeron a los hombres, que el precio de aprender
Las artes del mercader y del esclavista, seria entregar su ultima virtud; la poesía.

El genio, que tras cientos de eones giro su mirada hacia el codo de Orión, vislumbro, Tras el brillo de los tres viejos soles, que algo había cambiado,

que los hombres Ya no poseían su virtud, no se extasiaban en ella, y ahora
entregaban su preciosa poesía por piedras sin luz,
que extraían de las entrañas de una oscura y añosa montaña.
El genio enfureció, y sometió a los tres viejos soles, en enanas blancas los convirtió
Para que penen en el universo, sin brillo y sin calor. El genio enfurecido, se apiado del hombre,
ser pueril y desagradecido, y los doto de un joven sol, aunque pequeño y caprichoso.
Pero castigo al populacho y al mercachifle, para que jamás desde entonces conocieran la virtud, y la ignorancia se propago por la heredad de los hombres, dejando a los poetas, el dolor de errar por la tierra, componiendo versos que rediman la virtud del ser.
Bajo el manto innoble de infinitas soledades, vaga el poeta desde entonces
Entregando su virtud a los hombres, que desde aquel lejano pacto
Rifan vilmente en las ferias del pueblo.