sábado, 17 de diciembre de 2011

Canta, siempre canta Violeta Parra


¡Ay Violeta!
le cantaste al alba y a los trabajadores,
Al campo y a los campesinos.
Le pusiste voz al pueblo,
Para que ya
no lo callara nadie.

¡Ay violeta!
Cantaste la maldición y la traición
del explotador, del tirano…
Le diste a Latinoamérica
los colores que hermosean el día.
Y le revelaste al mundo
las penas que oscurecen el cielo,
 de tantos pobres.

¡Ay Violeta!
Pintaste con música
El lienzo de mil Revoluciones.
Y te fuiste ¡a engalanar el cielo!
A componer, a bailar, a cantar…
Gracias a la vida, por Violeta
Por tenerte siempre
Cantando…

miércoles, 5 de octubre de 2011

Comandante ¡hasta siempre Comandante!


Hay un hombre en la sinuosa montaña
Y suenan disparos en la inmensidad del monte.
¿Un grupo de locos? ¿Ilusos tras un sueño perdido?
En la espesura, entre la soledad y el hambre…
Allí late rebelde, un crisol de miserias latinoamericanas,
Se rebelan y el águila imperial, tiembla...
Un hombre cabalga,
A horcajadas del viento nuevo…
Trae noticias viejas ¡la revolución es el camino! Dice...
El viento de los de abajo, gime en su costado,
aúlla utopías,  que el hombre barbado carga en sus espaldas.
Allí va el Comandante Heroico, al frente de dignos guerrilleros,
Con pulmones marchitos y voluntad tenaz…
Se respira pureza entre el viciado aire de la sociedad burguesa.
Aquel hombre, transita las sendas de Latinoamérica,
con él, los guerreros del pueblo, el brazo armado del proletariado.
Crece como un niño hambriento, para gestar al Hombre Nuevo.
El hombre ¡de una sola Patria! de la patria Grande
la de América morena, mestiza, india, trabajadora, campesina, estudiante…
Los buitres dicen que ha muerto, ¿cómo puede morir la poesía?
Si él sigue escribiendo versos, en Quechua y Aimara, la voz sigue hablando…
Si él sigue naciendo, en cada rincón del mundo, donde alzan banderas de libertad…
Allí donde el pueblo se rebela, contempla sutil su mirada profunda, soberana, amiga…
Allí, allí… se fue a La Higuera… si, allí esta…. Partió al futuro…
Para gritar victoria… Hasta siempre, hasta siempre Comandante.
¡Hasta la victoria siempre!

Publicado en "Che, Hasta la victoria siempre" por Editorial CIENEGUITA CARTONERA

martes, 13 de septiembre de 2011


El océano del tiempo




Estoy cruzando el océano del tiempo
Buscando el abrazo de las musas eternas.
Estoy viendo al cielo,
¡Ahora que la foto de Dios 
se vende por TV!
Persisto,  y voy más rápido que el mundo,
Pero siempre llego tarde a las auroras del horizonte.

Escruto las penumbras en busca de un amigo,
Y la brisa marina, me golpea en la cara
¡Escupe su talento!
Siempre carcome con singular paciencia.
Es que voy tan rápido como el viento,
Pero siempre llego tarde a las auroras del horizonte.

Con un extravío, contemplo las aguas de borrasca
Azotan mis noches y se secan
al abrasador suplicio del escarnio.
Una mujer, desnuda su sexo
ante mi exultante deseo ¡y se llena de gloria!
Bebe, del goce de mi exuberancia.
El mástil de mi nave ¡quizás se rompa!
Es que cabalgo las olas en las noches de luna llena,
Pero siempre llego tarde a las auroras del horizonte.

Los ojos infames, 
no avizoran la entrepierna de Dios,
¡Acaba en mi cara! 
El sexo púber de una extravagante niña.
Sostengo la vara y henchido de mansedumbre,
El sol se sonroja de mi lasciva pereza.
Navego en desnudeces del alma,
Pero siempre llego tarde a las auroras del horizonte.

Estoy cruzando el oceano del tiempo 
Y los fríos espacios del universo, no logran contener
Esta perenne invocación de mis dioses ancestrales.
El hombre que soy, se retuerce entre sabanas sucias
 Mientras contemplo a la joven que ocupa mi cama
¡Solo espero su ausencia! y acaricio ese cuerpo
retozando en las mieses de mi prodigio.
Así que voy eternamente hacia ti, añorándote
Pero siempre llego tarde a las auroras del horizonte

El dulce veneno de la serpiente

               
Quizás, el cielo exista,
Aunque yo lo niegue.
Solo así se explica tu luminosa presencia,
En esta Pléyade de seres infames.
Te contemplo en visiones, te siento, te necesito.
Quiero despertar ¡Abrazarte!
Comer el fruto del árbol de tu pureza.

¡Quizás te ame! 
Quizás añore el placer de tu sexo.
¡Quizás me odies! Y detestes la sombra
De mi grotesca presencia.
¡Quiero tenerte! Acariciar los senos
Que infunden pasión, por odiar el alba.
Beber, de la miel lasciva
Que emana del profundo abismo
de tu juvenil esencia.

Sos mi Eva ¡Y yo la serpiente!
Acércate a mi verba,
A componer nuevos versos.
Ah! ¡Como ansió el candor sagrado!
Jamás consumido por el fuego del tiempo.
La mísera parsimonia de
Los oscuros jueces de la moral
¡No me importan!
¡Quizás te ame! 
Acaso seas la hechicera
Que embruja mis noches.
Acaso el oprobio de mi desnudes indómita,
Sea remedio al hechizo de esos ojos de ensueño.


Veo a mi corazón exánime,
Ante la exuberancia de los pechos
De la diosa del fuego.
Mis ojos se queman,
Cuando contemplo las infinitas curvas
Del universo ¡que es tu cuerpo!

Ansió el disfrute de noches eternas,
Con el fuego perenne entre las piernas de dios.
Ansió el gemido de sabanas blancas ¡Que estallan!
con el éxtasis de amantes del infinito.
Si el sueño llega ¡y estas conmigo!
Será luz eterna que apague
Los destellos del sol.

Pero, ahora si.  Ya lo creo Te amo!
Abrazo el comienzo de esta,
La perdición de mi alma,
Sometido a los influjos de tu augusta belleza.
Te extraño tanto ¡y aun no te tengo!
Y quiero, besar los labios presurosos
Que buscan los cuerpos.

Si soy la serpiente y vos ¡¿Sos mi Eva?!
Entonces, el paraíso es nuestro
Y el cielo no abarca
mi inmensa devoción por la eterna belleza.
El silencio, se oye en el viento
Son mis condenas que se agazapan,
Espero a tus ojos, los ojos de Eva
Que ahora, es tan lejana.





sábado, 10 de septiembre de 2011

Comandante Santucho


Parece ya que han pasado mil años,
Que han sucumbido junto ti,
Las esperanzas y sueños de libertad…
De revolucionaria pasión por los mas…
Por los pobres de la ciudad…
Por los campesinos sin tierra…
Por los obreros explotados…

¡Pero no has muerto Comandante!
No han quedado en el camino
De balas y opresión burguesa.
Tu orgullo proletario,
Tu pasión revolucionaria,
Tú indómito y rebelde sentir.

¡Aun vives Santucho!
Aun late el corazón glorioso,
Rebelde y proletario.
Con tu pensamiento vivo,
Con tu palabra tenaz,
Con tu acción decidida.

¡Aun vives Santucho!
En cada revolucionario nuevo,
Y en cada anhelo de libertad.
De los montes tucumanos,
A las calles de cada ciudad
Tu nombre es bandera,
que nos guía  a la victoria.

¡Tu nombre es pueblo Santucho!
Que lucha digno y rebelde
Que vence al verdugo opresor,
Que combate al imperio del mal
en las indómitas tierras del sur.

¡Vives Santucho!
En cada hombre y mujer del pueblo,
Que al sur del rio Bravo,
como dijo el Che,
Alza una nueva bandera de libertad.

¡Vives Santucho!
En los montes chiapanecos,
Y en las selvas colombianas,
Junto a bolívar y el Che.
¡Es tu nombre Robi Santucho!
Un grito libertario de los pueblos del sur.

¡Tu nombre es pueblo Santucho!
Glorioso proletario,
Orgulloso campesino,
Hermoso Guerrero del pobrerío insurrecto.
¡Santucho vive! La lucha sigue.

Botas y bares


¿Para que me puse las botas?
¡Si nunca voy a ningún lugar!
Camino el circulo mágico
del desden y la ignominia,
Camino a tientas como el ciego loco
De las naciones antiguas.

Seco es el viento que me abofetea la cara,
Me escupe verdades, y repulso las mieses
Del nuevo cielo que el mundo a creado,
Y si escapo, me atrapa el día, que siempre vuelve
A copular con la noche.

Me puse las botas, y los bares han cerrado,
Y los viejos parroquianos, ebrios hasta el hastió,
Se revuelcan en el vomito
de la exequias del cielo nuevo,
Pues les han engrillado al nacer.

Aun así, me gustan mis botas,
Y me importa un carajo el desdén de las marquesinas.
Si soy un esclavo, usare unas lindas alpargatas,
Para que mis pies huelan bien,
Como los obispos se mojan el hábito,
Para bendecir a nuevos pederastas.

Y estas botas nuevas, que suelo lustrar,
estropean mis dedos de uñas encarnadas
Que solo duelen si creo en ellos.
Solo el silencio se hace atroz, cuando llegue el día y
El sol penetre a la luna, yo seré un bastardo desclasado
De las nuevas ideologías paganas del nuevo ser.

Así me calzo mis botas, porque me odio más que
Mis enemigos, ah, ¡que detestable soy!
Y digo ¿Qué mas podría ser en el mundo de lo que hoy soy?
Amo ser dios, y odio a mis fieles
Es que solo yo puedo abominar lo que mas amo,
Esta absurda impertinencia.

Pero algún bar estará abierto,
Como en la noche de los tiempos
No habrá sol ni lujos, ni mentiras, ni piedad.
Caminare con mis botas, que nunca lustro
Ya que, ostentar, no me embriaga.




jueves, 1 de septiembre de 2011

Versos matutinos

Estoy viendo esta vetusta aurora,
que es la misma de siempre.
Pero el viejo cielo que
 Destella maravillas,
 Me detesta.

Una voz, rechina en mis oídos,
es la mía ¡que no dice nada!
Absurda destreza, perdurar como un dios 
Y arrastrarme como un gusano.

 Maldigo esta hora,
 Mi abrigo se ha ido
 ¡es la noche!
 mi amiga fiel, la que se acuesta con Apolo,
 para crear duendes inicuos de esta puta sociedad.
 Y yo, ¿hijo de quién soy?

jueves, 18 de agosto de 2011

Cuento

LA QUEMA
La calida noche y la inusual tranquilidad de las calles del barrio de flores, me impulsaron a abandonar la asfixiante brevedad de mi departamento.
Decidí deambular por las calles vacías, e intentar así, despejar mi mente de las oscuras tribulaciones que me agobiaban.
Pero no tenía idea, que estaba a punto de vivir la más abominable de las experiencias.
Deambulando en la solitaria penumbra del arrabal, llegaron hasta mí, los tenues murmullos que presagiaban el infierno de horror que me aguardaba. Era como si a cada paso me acercara a un agujero de pútridas viscosidades y oscuros designios, morbosamente intuidos por mi mente, pero inexistente a mis aturdidos sentidos.
¡De pronto! la noche se hizo húmeda ¡y el frió atroz! y ya no caminaba por el desigual empedrado porteño, ahora me encontraba como chapoteando en un lodazal repugnante, entre restos orgánicos en descomposición, el aire se volvió denso, casi irrespirable, por todas partes se elevaban densas columnas de humo y vapores que emanaban desde las entrañas podridas del suelo. Aturdido y desesperado, tropecé y caí innumerables veces entre los repulsivos desperdicios, hasta convertirme también en una masa hedionda, constantemente apremiado por los inmundos habitantes del aire que cubrían mis ropas, mi cara y manos y que, caprichosamente se ufanaban en pos de introducirse en mi boca.
Asqueado hasta la saturación, aun me esperaba lo peor de mi amargo derrotero.
Logre llegar hasta las orillas de lo que debió ser, en un tiempo muy remoto, un río. Su corriente no mostraba ya, señal alguna de la existencia de agua en el, su consistencia viscosa era de un color verdoso, veteado por efluentes sanguinolentos, parecía un torrente de pus corriendo vertiginosamente a través de una herida gangrenada en la tierra, corrompida impunemente por quien sabe ¡que terrible designio!
Desde luego, abandone cualquier intención de vadear aquel espanto y me limite orillarlo, con la esperanza de hallar alguna forma de cruzarlo, sin tener que entrar en contacto con aquel pútrido elemento.
En la penosa peregrinación, logre descubrir el horror en el que me encontraba situado, sin lugar a dudas, había caído en el peor lugar que cualquier hombre de mi posición podía temer, sus características eran ya conocidas por mi, aunque solo por oídas; el paisaje monótono de campos incultos, ranchos de chorizo y adobe con techos de paja y por supuesto, las instalaciones de inmundas condiciones que, ¡a gritos! denunciaban la presencia de los saladeros.
Vaya a saber uno que aborrecible, sórdida, miserable, deleznable burla del destino me había transportado al epicentro mismo las mas abstrusas y perniciosas pestes y podredumbres que se podían concebir; ¡estaba al sur de la gran urbe! Más allá de las barracas y los conventillos inmundos, aun más allá de donde bajaba “el tren de las basuras”.
Y era precisamente, aquel tren en donde depositaba mi esperanza de escapar de ese infierno de pestilencia.
Sabia yo, que aquel ramal del Ferrocarril Oeste bajaba por Loria y Oruro hasta “la quema”, a la vera del río infesto que se interponía en mi camino. Sabía esto, debido a algunos negocios que realice con aquellos saladeristas, durante el proceso de industrialización que elevo nuestro nivel de vida algunos años atrás, y ahora, parecía ser que la naturaleza tomaba su revancha con singular crueldad.
Al cabo de un penoso trajín, tropecé -literalmente- con las vías del tren de la podredumbre, y con un puente, por el cual no me costo pocos esfuerzos cruzar.
Me arme del poco valor que el asco me permitió reunir y seguí al norte aquella senda infesta, infame, innoble.
El trayecto me interpuso montañas de desperdicios de singular repugnancia, envuelto siempre de una atmósfera densa y húmeda, impregnado de pestilencias de toda clase.
Decenas de hombres, mujeres y niños de aspecto miserable revolvían los montículos en busca de su asqueroso sustento, pero mi mente se lleno de horror, al contemplar sus miradas cargadas de resentimiento, por décadas de explotación y desinterés en aquellos desheredados. Y al revelárseme aquella situación harto peligrosa, acelere mis pasos en la medida de lo posible, pero espantado note, que una horda de aquellos semihumanos me seguía y cada vez con mayor vehemencia.
Al fin, creí dejarlos atrás al haberme distanciado ¡pero, no era así! La trampa había sido cerrada y me interceptaron en un recodo que los durmientes hacían, como esquivando una gran masa de inmundicias. ¡Rodeado ya por la horda!, hice un ultimo esfuerzo por librarme de las garras de la venganza. Pero, no había escape, horrorizado por las viles intenciones que intuía, rogué morir, pero la gracia divina no escucha entre tanta podredumbre, entre tanta desdicha. Bajo la masa infame y hedionda de cuerpos roñosos, fui sometido a atrocidades inenarrables, entre risas inmundas y bestial sometimiento, uno por uno saciaron sus bajezas en mí desvencijado cuerpo.
Arrojado cual despojo a las vías, la horda se entrego a un ultimo espectáculo con el poderoso venido a menos; al oír el silbato de la locomotora y su majestuoso retumbar en mis carnes vejadas, sentí el alivio de la muerte, pero algo ¡repentinamente! me dio la fuerza para, en el ultimo instante, levantarme, correr junto al convoy herrumbrado y finalmente trepar a uno de los vagones. La horda corrió, grito, blasfemo y yo goce con el sabor del triunfo. Pero… No ¡no, no era así! ¿Otra cruel burla del destino? ¡El tren estaba cargado de basura! Pestilente, inmunda, inacabable basura y podredumbre.
El tren…, el tren regresaba a la quema. Y la horda seguía riendo entre los fétidos dominios de la muerte.

Cuento- La reencarnación...

La reencarnación de Evaristo Daniel Núñez

Arrastrándose, retorciéndose, abriéndose paso entre la muchedumbre vil y repugnante que pugna por adquirir la porción mas fétida del singular festín. Logro embeberse en la viscosidad podrida que otrora regara los confines, del ahora cadáver, con energía vital.
Lucho entre centenares de congéneres por las delicias de viseras y carne corrupta, y se extasió y gozo del placer de satisfacer sus instintos de infame carroñero.
Entonces, repentinamente tomo conciencia, pudo comprender como un ser inteligente y vio, sintió…
Con horror indescriptible, con espanto inconmensurable y saturado por el asco; quiso gritar, quiso correr, quiso morir. Pero no podía; no había cuerdas vocales para gritar, no tenia piernas para correr, no tenia los medios para dejarse morir…

martes, 9 de agosto de 2011

Texto de Ezra Pound

El ARTE DE LA POESÍA

Constantemente repito que se necesitaron dos siglos de Provenza y uno de Toscana para desarrollar los instrumentos que utilizó Dante en su obra maestra, y que fueron necesarios los latinistas del Renacimiento y la Pléyade, además del lenguaje colorido de su propia época, para preparar los instrumentos de Shakespeare. Es de enorme importancia que se escriba gran poesía, pero no importa en absoluto quién la escriba.
Si algo se expresó de una manera definitiva en la Atlántida o en la Arcadia, en el año 450 a. c., o en el 1290 de nuestra era, no nos toca a los modernos decirlo de nuevo ni empañar la memoria de los muertos diciendo lo mismo pero con menos habilidad y convicción.
En cada época uno o dos genios descubren algo y lo expresan. Puede estar solo en una o dos líneas, o en alguna cualidad de una cadencia, y después veinte o doscientos o dos mil o más seguidores repiten y diluyen y modifican.
La gran literatura es sencillamente idioma cargado de significado hasta el máximo de sus posibilidades. Tal como en medicina existen el arte de diagnosticar y el arte de curar, también en las artes, y en las artes particulares de la poesía … existe el arte de diagnosticar y el de curar. Uno persigue el culto de la fealdad y el otro el culto de la belleza.
La mayoría de los llamados poetas mayores han regalado su propio don, pero el término de “mayor” es más bien un regalo que les hace Cronos a ellos. Quiero decir que han nacido justamente a su hora y que les fue dado amontonar y arreglar y armonizar los resultados de los trabajos de muchos hombres.
En el verso algo le ha sucedido a la inteligencia. En la prosa la inteligencia ha encontrado un objeto para sus observaciones. El hecho poético preexiste.
Los artistas son las antenas de la raza. … digamos que los escritores de un país son los voltímetros y los manómetros de la vida intelectual de la nación. Son los instrumentos registradores, y si falsifican sus informes no hay límite al daño que pueden causar. El mal arte es un arte inexacto. Es arte que rinde informes falsos.
Toda crítica debería ser admitidamente personal. Al final de cuentas el crítico sólo puede decir “me gusta” o “me conmueve”, o algo por el estilo. Cuando se nos ha mostrado a sí mismo, podemos comprender lo que quiere decir. Todo crítico debería dar información acerca de las fuentes y límites de su conocimiento.
Sugiero mandar al diablo a cuanto crítico emplee términos generales vagos. No sólo a los que usan términos vagos por ser demasiado ignorantes para tener algo que decir, sino también a los críticos que emplean términos vagos para ocultar lo que quieren decir, y a todos los críticos que emplean los términos tan vagamente que el lector puede creer que está de acuerdo con ellos o que asiente a sus afirmaciones cuando de hecho no es así.
Haz que un hombre te diga antes que nada y en especial qué escritores piensa que son buenos escritores; después se pueden escuchar sus explicaciones.
La única crítica realmente viciada es la crítica académica de los que hacen la gran renuncia, que se niegan a decir lo que piensan, si es que piensan, y que citan las opiniones aceptadas… Su traición a la gran obra del pasado es tan grande como la del falso artista del presente. Si no les importa lo suficiente la herencia como para tener convicciones personales, no tienen derecho a escribir.
No hagas caso de la crítica de quienes nunca hayan escrito una obra notable.
Usar tres páginas para no decir nada no es estilo, en el sentido serio de la palabra.
No repitas en versos mediocres lo que ya se haya dicho en buena prosa. No creas que se puede engañar a una persona inteligente esquivando las dificultades del inefablemente difícil arte de la buena prosa mediante el artilugio de fraccionar la composición en versos.
Lo que hoy aburre al entendido aburrirá al público mañana.
Déjate influir por cuantos grandes artistas sea posible, pero ten la decencia de reconocer plenamente la deuda o, si no, trata de ocultarla. Que el aprendiz se llene la cabeza con las mejores cadencias que pueda descubrir, preferiblemente en un idioma extranjero, para que el significado de las palabras tenga menos posibilidades de distraer su atención del movimiento del verso.
No te imagines que algo “saldrá bien” en verso sólo porque resulta pesado en prosa. La poesía es un centauro. La facultad pensante, estructuradora y aclaradora de las palabras debe moverse y saltar con las facultades energizantes, sensitivas y musicales. Es precisamente la dificultad de esta existencia anfibia lo que mantiene bajo el número de buenos poetas de quienes se tiene noticia.
Es cierto que la mayoría de la gente poetiza más o menos, entre los diecisiete y los veintitrés años. Las emociones son nuevas, y para su dueño, interesantes y no hay mucha personalidad o mente que mover. Conforme el hombre, conforme su mente, se vuelve una máquina más y más pesada, una estructura cada vez más complicada, necesita de un voltaje cada vez mayor de energía emotiva para adquirir un movimiento armónico… En el caso de Guido, su obra más fuerte se da a los cincuenta. La poesía más importante la han escrito hombres de más de treinta.
Citando mal a Confucio, se podría decir: No importa que el autor quiera el bien de la raza o que actúe simplemente por vanidad personal. El resultado se produce mecánicamente. En la medida en que su obra es exacta, es decir, fiel a la conciencia humana y a la naturaleza del hombre, en la medida en que formula con exactitud el deseo, será duradera y será “útil”, quiero decir que mantiene la claridad y precisión del pensamiento, no sólo para el beneficio de algunos diletantes y “amantes de la literatura”, sino que mantiene la salud del pensamiento fuera de los círculos literarios y en una existencia no literaria, en la vida general comunal e individual.

martes, 26 de julio de 2011

Sueño de un Poeta














Un día creí ser un esclavo,
Si acaso me convirtiera en vos
Acarrearía el moho
Del pequeño burgués.
Gimiendo mis costillas
Llorando mis pies ya mustios.
Seria el fin de largas letanías,
No habiendo porvenir en verso
Con mis espaldas agotadas,
Con mis pies engrillados,
Con manos gangrenosas.
Si acaso me convirtiera en vos,
Subiría al punto más alto
a volar como el pájaro azul
¡Libre! En sueños de bohemia.

martes, 26 de abril de 2011

El capitan

El es el capitán de la añosa y fibrosa nave.
Remonta estos ríos, en lujuriosas corrientes.
Los brazos del rio, se retuercen en intricados dédalos venéreos.
Aquí donde las negras, se acuestan al alba,
y lavan su sexo, deshonrado en tertulias desenfrenadas.

Pero aquí, en este rio y estos montes,
no hay blasfemia mayor que el capitán de este barco.
De pie, siempre de pie, en el viejo puente de la añosa nave,
Retiene la vana lascivia, buscando aparcaderos,
Y el lamento de un amor pasado.

Han pasado lustros y décadas, siglos y milenios,
Transcurrieron eras y eones ¡y sigue aquí!
De pie, en el viejo puente de la añosa nave,
navegando aguas innobles hacia el final de los tiempos,
hacia la euforia venal de las auroras cósmicas y el malsano amor.

Ahora remonta rio arriba,
las aguas oscuras del tosco e indomable rio,
que nunca descansa,
y siempre hacia ella, ¡voy hacia ti! Grita.
Hacia el nuevo cielo de Kara Mahida

viernes, 11 de marzo de 2011

Versos de la Indisciplina




El aburrimiento. Ah! El aburrimiento.
Seguramente, este fastidio que me agobia,
esta nebulosa inacabable que ostenta
una insalubre simbiosis con la soledad,
se convierta pronto en tumba escabrosa
que exhiben los vacíos agujeros del cosmos.

Estoy aburrido, no puedo evitarlo ¡me siento vació!
Recorro mesetas heladas, me muevo
con la desdicha de un gato encerrado.
Me ahogo en aguas baratas, en míseras aguas de lumpen.
Me siento, como un hombre común. ¿Lo soy?
No hay utopía, no hay poesía.

La música se escapa en el quejido del viento,
y ya no hay nada. Solo estrofas que susurran…
¡Estoy más solo que nunca!
La adrenalina no atiborra mi cuerpo.
No tengo realmente amigos, no tengo realmente amantes,
Mis noches no llenan los vacíos de mi espíritu.
Acabar, en un instante efímero, acabar en un último esfuerzo,
en una ultima contemplación.
 ¿Es acaso abrazarlo todo?

Y después, es volver al ostracismo
Lo único que puedo afirmar es que sigo siendo el mismo,
No tengo temor, no le temo a la muerte, no le temo al desafió,
Pero ahora, los retos son inocuos, pueblerinos.
Habito esta urbe inmensa, pero tan vacía,
 tan llena de podrida rutina
Toda la gente es igual, visten igual, hablan igual, comen igual,
Hasta creo que sienten igual,
Seres clonados en laboratorios de desden y decadencia.

Supongo que para ellos, una pija es igual a otra
y un clítoris áspero, les resulta empalagoso.
Escuchan los mismos sonidos, quizás los mas ebrios.
No tengo donde ir, corro pero ignoro el destino,
¡solo escucho el silencio!
Aguardando el clamor sagrado, que nunca llega.
Sigo buscando, sigo corriendo y sigo esperando.

Subsisto y no quiero esto,
No quiero el atroz flagelo de ser una gota en el mar.
Ahhh! detesto este frió, ¡este frió atroz!
De esta estepa inacabable,
quizás me rinda y termine de bruces,
Y pienso, lo mejor ¿¡seria la muerte!?

En el frió de esta escarcha sin fin, sin tiempo, sin razón.
Algunos dicen que los milagros existen, ¡quizás!
deba aguardar que uno me alcance.
Quizás, aguardar el fin.
Pero sigo esperando, no me traiciono
¡sigo siendo el mismo!
El oscuro demonio al que todos detestan;
Indisciplinado, insaciable, insolente, insurrecto,
El desarrapado De Moley de las nuevas huestes,
Altivo, desgraciado, soberbio, lujurioso.

El ruin personaje que todo lo ve,
 ¡cuanto detesto tener razón!
Soy la parte oscura de la sociedad barata
que se ignora a si misma,
Que rehúsa ver, que se esconde bajo alfombras rusticas.
Yo estoy aquí, el tiempo no absorbe mi esencia,
Bajo el manto helado de este infinito páramo,
de este hastío que consume el alma.

Un día, la infame sociedad de seres replicados
acabara con mi alma inútil ¡blasfema!
La verdad será una y las puertas del mundo seguirán abiertas.
¡Porque el cielo habla! Y me ha dicho,
¡Yo soy Dios! El abismo infinito, con pueriles juramentos.
¡Oh! Sea el Ocaso del creador,
Pasare el oscuro barranco de los pobres,
 ¡y abrazare el infinito!
Después de todo, soy la imagen que detestan las marquesinas
El barbado de fatigosa presencia,
Siempre listo a despreciar lo más sagrado,
Siempre voraz,
 ¡el que busca mentes nuevas!

jueves, 3 de marzo de 2011


Pecados de cuerpo y alma


Esta noche, en horas destempladas,
necias de tiempo, vacías…
He visto al sol en una nueva alborada.
Quizás esos destellos, esas caricias que ahora
Atestan mis cansados ojos,
Preanuncien el nirvana
y la perdición 
de mi cuerpo y mi alma.

Pero esta aurora, 
que azorado de pasión contemplo
No es un prodigio cósmico, ni los ensueños
Del opiómano, del mordaz poeta 
atado al vicio y los excesos.
Quizás la creación de un travieso Dios,
Que gusta de jugar entre los resquicios
De mi cuerpo y mi alma.

Esta noche he visto el paraíso
¡Hecho carne! Hecho mujer.
Jamás, esa niña inmaculada,
¡La perdición de un demonio!
Susurró en mi oído las voces
Que ahora me hablan, que llenan las licencias
De mi cuerpo y mi alma.

Muy lejos de aquí, tan lejana, inalcanzable…
Dispuso los versos que ahora,
En el frío gris de mi solitaria casa
Compongo para ella,
Quien me ha robado una parte,
de las atolondradas perversiones
De mi cuerpo y mi alma.

Ah! Que oscura es esta encrucijada.
Desde el confín del tiempo,
Esa hermosa niña, se ha puesto el corset
Que amarra esta nueva pasión,
Que ostenta esta concupiscencia
De mi cuerpo y mi alma.

¡Que atroz pecado!
Desear lo que no debo,
Beber de esta cicuta que impregna
Los desvaríos del guerrero en llamas.
Que atrofia los sentidos barbarizados
De mi cuerpo y mi alma.

Aun espero verte,
Llenando de luz mi escaso cielo.
Beber del néctar prohibido
que de tu mocedad mana.
Aquí, el silencio restalla en mis oídos
Espero tu voz que dicte sentencia
A los pecados y las voluptuosidades
De mi cuerpo y mi alma.

La mortaja con ruedas

Contemplo el muñón de mi padre,
Y no es lo que más detesto.
Contemplo ese miembro amputado y
Ya no pienso en su dolor.
Ya no añoro los tiempos en que era,
un hombre completo, con piernas como los demás.

Aborrezco esa predilección por la vida ingrata
Al efímero tormento de lo indigno.
Y me digo ¡jamás! Seré como el,
No viviré el suplicio de ser
Lo que no debo ser, lo que dije que no debía ser.
Lo que otros quieren que sea.

Contemplo ese muñón obsceno, que
Se esfuerza por creerse pierna.
Y odio al hombre, que muto en aquel tullido.
Ahora, ha entregado la otra pierna,
A cambio de unas horas sin dolor.
No soy un cobarde, y prefiero la muerte
A la desdicha del ser común.

Lo he visto gemir, en horas interminables,
Y aquel hombre que admiraba,
Se hizo esclavo de una perenne discapacidad.
Atado a su silla, su fe es el vino.
Y ríe en brazos del veneno,
Pero se ha rendido a los deseos de la plebe.

¡Cuánto detesto eso!
¡Padre! ¿Por qué no fuiste digno de mí?
¡Padre! ¿Por qué sucumbiste al lastimero encono de los infieles?
Juro al dios que ose escuchar mis amargas diatribas,
Que jamás arrastrare mi dignidad por el mundo.
Y así, mi hijo sentirá orgullo
De su pobre padre.

¡Crea, latinoamerica! crea, revoluciones...

¡Hoy! 
reina impune 
el capital del hambre.
El oprobio lacerante 
de la ambición burguesa,
de fastuosidades y lujos,
de ostentación obscena.
pero, ¡ay! Patria mía.

¡Latinoamerica!
Podrán herirnos y matarnos,
Podrán jactarse 
en su altivez y barbarie.
Podrán desangrar a un pueblo
Con sus hordas verde olivo.
¡Pero no son eternas! 
las cadenas del opresor tirano.
Nace un hombre nuevo
Al sur del rió Bravo.

¡Ruge! 
el portentoso estruendo
Del pobrerío insurrecto,
De masas con sed de justicia
Y su dignidad sagrada.
¡Patria o Muerte!

¡Grita! 
el hijo con un sueño,
Entre ojos un destino
De libertad y justicia
y arrogancia libertaria.
¡ Revolución!
y crea, y crea...

Los tres reyes

Tras largas tertulias invoco
Tu nombre  ¡OH Luzbel!
Ladrón del fuego que alumbra
La oscura esencia de las mentiras.
Espero tu cavernosa voz,
Que imparte justicia.
¡OH! Portador de luz,
Entre oscuridades ya olvidadas

Danos tu sentencia ¡OH, Lucifer!
Profeta infame,
Corruptor del pío moralista.
Juez incólume
Del agrio desvelo,
De los buenos y los justos.
Somete con tu puño,
Golpea, golpea, en la mesa fortuita
De los ataviados señores del bondadoso cielo.

Y ya consumidos por el fuego impúdico,
Comanda las tropas  ¡OH Satán!
General sanguinario, rebelde perpetuo...
Guíanos a la victoria ¡por mil años ansiada!
Por mil años tú derrota impostada
Desangra al tirano
Que reina en el cielo,
Tan tuyo es el bien
¡Que han bendecido el mal!


¡OH! Luzbel, Lucifer y Satanás


De mil hombres nacerán,
mil bastardos de su fe arrancada.
Y por mil siglos, arderán  ¡arderán!
En el fuego fatuo del justo inquisidor.
Y ya en la hoguera,
Aquellos hijos ¡ya vencidos!
Susurraran las voces, que invocan los nombres.
De los tres reyes,
Bajo siete llaves, su virtud ha sido encerrada
Y en el frió escarnio del olvido,
Resonaran sus nombres
¡en tropeles de blasfemia!
Luzbel, Lucifer y Satanás.

Los traidores

Heme aquí, nuevamente
en el vacío espacio que compone mi universo.
Nuevamente la traición,
se ha hecho carne sobre mis tierras yermas.
Nuevamente el escarnio de la soledad,
se hace hierba mustia
que sucumbe,
 al fondo de mi vacía casona.

Alguna vez tuve amigos,
a los que abandone, aterido de desdichas,
Y ahora, que abro puertas a diestra y siniestra
¡que exploro mas caminos que antes!
Los nuevos senderos se llenan
 de seres vacuos, de herencias estériles, 
de pasiones inocuas.

Aquí el cielo, es siempre gris.
¿Porque atesoro pasiones que todos odian?
¿Porque atesoro placeres que pocos gozan?
¿Porque la traición se hace carne en mi esencia?
¡¡¡Si siempre di la vida por cualquier persona!!!
¡¡¡Si siempre espere poco, aunque lo doy todo!!!

Que necia es esta rancia existencia,
donde el pueril, el delator y el inquisidor 
¡siempre triunfan!
Si hay un cielo mejor, espero abrir esos cerrojos
y contemplar, ¡por un instante!
Un templo donde el dios sea la verdad,
y su Mesías ¡La justicia!

A las puertas del infinito

Amigo, siempre presente en la oscuridad
De mis días de militancia,
Te fuiste entre el humo y el estrépito de míseros cañones.
Tras meses de inútiles desavenencias,
Fuimos hermanos de nuevo, como caídos del cielo.
El destino quiso, o lo quisimos los dos,
Que me dieras el último abrazo, cuando atravesabas el umbral
De la vida hacia, el eterno reposo del guerrero.

Tu voz, que resuena en mis oídos me dice ¡Adiós amigo!
Pero no te creo, aun estas entre nosotros,
Como creer que no esperaste para marcharnos juntos.
Pero te vi frío, quieto y con las mustias vestiduras de difunto,
Pero esa mortaja nunca abarcaría tu esencia, tu anhelo…
Te fuiste a ocupar un lugar en constelaciones,
A subvertir nuevos universos, a conquistar nuevas tierras.

Pisamos juntos el barro de la pobreza,
Y la satisfacción de combatir la tiranía del capital del hambre.
Hermano, te fuiste a abrir nuevos caminos,
A reclutar tropas nuevas, a crear nueva vida…
Y te extraño, ¡claro que te extraño!
Aun requiero tu presencia ante los nuevos combates,
Ante el oprobio de traidores y el psicobolche del nuevo peinado.
Estas en la gloria, descansa entre guerreros, que el cielo inocuo
No será nunca, morada de rebeldes.

¡Hasta la victoria siempre hermano! ¡Hasta siempre amigo!
Un día, volaremos juntos por los nuevos cielos abiertos,
Un día, brindaremos por los nuevos tiempos que vendrán.
Brindaremos a las puertas del infinito
¡Hasta la victoria siempre!

"dedicado a la memoria de Carlos "petete" Almiron, entrañable compañero revolucionario y sobre todo mi amigo.

De hombres libres

Estas calles descompuestas
que recorro desnudo, escarchado, descompuesto.
Estas calles pueblerinas, con millones de espíritus esclavos.
Estas calles, calles del conurbano, asoladas de dolencia.
Rostros infames, montados en espadas, montados en pólvora negra.
Atestados reductos que contagian el alma.
Pero soy libre, ¡soy un hombre libre!

Calles, calles que despiden hedionda idiosincrasia
De triviales esperanzas, colmadas de silencio,
Se vuelven gloria entre los hombres pueriles.
Compartir el disgusto de la muerte viva
Compartir el sustento de noches sin tiempo
El frió de la pobreza y el hambre de insomne tristeza,
En tiempos del amor echo trizas.
Pero soy libre, ¡soy un hombre libre!

Yo que nací para ser el rey del mundo,
Sostengo el cayado del pobre sumiso,
La perfidia de voces brujas que me sojuzgan, ¡quieren abatirme!
Y el dolor que me abraza, carcome mi esencia, de a poco
Se extingue como una vela olvidada al azote de vientos innobles.
Ungido de mil coronas de espinas,
yo que nací Para ser el rey del mundo,
Soy solo un hombre libre, el paria de mil naciones,
El reflejo de charcas inmundas,
corruptas de tiempo.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Proclama del nuevo mundo

¡Amigos, hermanos, hijos, amantes, oyentes, publico en general!
Quiero hacer una proclama, quizás la última en esta morada,
un viejo calabozo, que abre sus portones y me escupe de aquí.
Creado por Dios, en los días oscuros de la caída del reinado de Dionisio, en eras perdidas, con la insolente cadencia de la noche de los tiempos.

En tiempos del hombre, caído en desgracia, arrojada su osamenta desde las alturas celestiales a las agrestes planicies del reino de Eolo. Fue entonces cuando se oyeron las voces nuevas y los cantos blasfemos que surgieron de entre bosques y tumbas.

Y cuando los niños, engendrados en lujuriosa y promiscua concupiscencia, se hicieron hombres a los ojos del padre.
Cuando las novicias doncellas rompieron sus anillos y se bañaron en la verba del nuevo Dios, para estremecer el cielo con voluptuosa arrogancia.

¡Fue creada la noche! Y la solemne luminosidad del día, marchó a esconderse tras velos rojizos, pues, se abochornaba de las libertinas prácticas noctámbulas. Cuando ángeles simétricos, incubaron el dulce néctar del goce, los líquidos incestuosos que embriagaron a los hombres y corrompieron su don, fue creado el poeta,
¡El nuevo Dios de escasos súbditos!

Yo soy Omar, hijo del murmullo nocturno.
Y declaro las noches, ¡el reino de lo prohibido! ¡Huerta de los excesos! ¡Zona liberada para inútiles guerras!
Que la ingle de Luzbel guíe a los peregrinos, a los olvidados dominios de Dionisio, que la tierra vomite a incubos y súcubos, para cometer concupiscencia con las hijas del infame Creador.
Hoy, vuelvo a la tierra, romperé mis cadenas, forzare los cerrojos que me atan al cadalso de esta barbarie.

En noches sin tiempo, mis fieles, crearemos nueva vida, simiente pura...
El germen de la rebelión habita en esas musas.
Un viento procaz, azota ya las estepas que gobiernan los hombres buenos y justos.
¡Oigan mi voz! Oh! Astaroth, Nergal, y Bheemonth.
¡Vengan a mí! Oh! Baalfegort, Adremalech y Balberinht.

Las puertas están abiertas. El necio pueblerino, se retuerce en espasmos de dolor, en bilis sacrosanta, para morir en pía mansedumbre.
¡Vengan a mí! Oh! Doncellas del mundo. ¡Hay fuegos ardiendo! hay fornicaciones inmensas, las orgías comienzan. En noches paganas, reinara la lujuria y el amor a los placeres del cuerpo.

Oh! Azathoth, abre la puerta al vacío, muéstranos tu forma incognoscible.
Camaradas poetas, el reino de Yog-Sothoth abre los portones de la gloriosa Iram.
Oh! Gran Cthulhu, redímelos de la desgracia de ser malditos.
Ya te veo cruzar el portal del viento norte,
Oh! Shub-Niggurat, trayendo contigo un millar de jóvenes deseosos.

Amigos, poetas blasfemos, ayer escaldados en piras fatuas.
Un nuevo reinado ha venido, con el recelo del cielo, el nuevo mundo será nuestro.
Tomen lo que es suyo por derecho, las nuevas huestes enarbolan los estandartes de una nueva era.
El reino de la poesía y el placer del cuerpo y el alma.

Todas las vidas del mundo

Las vidas simples son mejores,
Una mente vivas, inquisidora, se redime de su pobreza
Pero atesora el dolor de no ser como el mundo.
Y al pie del cadalso, ¡se retuerce de heroísmo!
Pero a las vidas simples ¡no les importa un carajo!
El poeta muere, después de padecer la vida,
y olvidado regresa, en cenizas de pasiones borroneadas.

Está, mi vida compleja, es una piedra que ate al cuello
De mis eternas desdichas,
Disgustan como la masa del planeta y
Duelen como la circuncisión del proxeneta.
Que puta suerte. ¡Ser pobre y a la vez poeta!
Y es que no valgo algo mejor,
Como un trozo de carne, una vez tragado
Me vuelvo desperdicio, inmundicia
Y allá voy, al pozo negro de la vida.

Hoy

Hoy, se ha hecho noche para esculpir pirámides,
Pero aun atesoro la verborragia de los humillados.
Como en nuevos ateliers, sin pintura en el suelo,
Las novicias se masturban en escuálidos banquetes.
Quizás, algunos gritos se transformen en canciones,
Y admirados del poeta, escupan a la cara del burgués.

Hoy, que soy yo quien fustiga al misero látigo,
Me arden las manos, es que no se castigar como Dios.
Y sin doctrinas, solo soy el proxeneta
de las nuevas musas de escaso vestido,
que lamen el falo de la nueva fe.
Es que hoy, se ha hecho noche para esculpir pirámides.

El genio y los tres soles


Un genio, de mil eones distante en el universo,
Aburrido ya de tanta parsimonia.
Se hizo a la tarea de conceder al hombre, ser pueril y blasfemo,
los deseos Mas preciados del vasto cosmos.
Así que hizo de la virtud, embriagarse a los hombres de todas las razas
Les concedió el tesoro de la poesía, y con ella el paraíso de la perpetua trascendencia.
El hombro acogió con inmenso aprecio, aquellos maravillosos tesoros
Y los heredo a la posteridad de los hijos de los hijos.

Tras cientos de años, cerca del costado del poniente de Orión

Los tres soles que mas brillo ostentaban, envidiosos de aquella virtud
Que el genio les negaba por desprecio a su apatía,
Se aliaron en guerra aciaga para castigar al portentoso genio.
Los tres soles, convencieron a los hombres, de la belleza del brillo
de ciertas piedras que habitaban las entrañas de aquel lejano planeta azul.
Asi que los hombres, anhelaron conocer y poseer aquellas piedras que, caprichosas y
Esquivas se resguardaban, de la luz de aquellos tres inmensos soles.

El hombre, ser pueril y lastimero, aprendió de aquellos viejos soles

La doctrina de la envidia y el capricho, del desden y la ignorancia.
Asi que busco en las viejas cuevas de oscuros continentes
Las piedras que emitían su propio resplandor.
Los viejos soles, les dijeron a los hombres que la virtud y la poesía
Valían muchas veces la cantidad de piedras que emitían su propia luz.
Asi que los hombres preguntaron a los viejos soles como encontrar
Las piedras que emitían su propio resplandor.

Tras cientos de años, lo tres soles, se alinearon en el codo de Orión

Y emitieron con más fuerza que nunca su fulgor y esplendor.
Y dijeron a los hombres, que esclavicen a sus pares y que estos,
Hallarían las piedras que emiten luz. Así que el hombre entrego la virtud
Y esclavizó a otros hombres, para regocijo de los tres viejos soles.
Aquellos pobres desgraciados, perecieron por miles hasta hallar
Aquellas vetustas piedras, que emitían luz.

Pero el hombre, no se conformo con aquellos pedriscos deformes

Que solo brillaban a la luz de los tres añejos soles, y pregunto a estos
Como lograr que brillen por si mismos, así que los viejos soles les dijeron
Que llamaran oro y plata a las viejas piedras, y les den forma de joyas,
Y les enseñarían las artes del mercantilista,
para que esas joyas brillen más y más. Entonces, los tres viejos soles, les dijeron a los hombres, que el precio de aprender
Las artes del mercader y del esclavista, seria entregar su ultima virtud; la poesía.

El genio, que tras cientos de eones giro su mirada hacia el codo de Orión, vislumbro, Tras el brillo de los tres viejos soles, que algo había cambiado,

que los hombres Ya no poseían su virtud, no se extasiaban en ella, y ahora
entregaban su preciosa poesía por piedras sin luz,
que extraían de las entrañas de una oscura y añosa montaña.
El genio enfureció, y sometió a los tres viejos soles, en enanas blancas los convirtió
Para que penen en el universo, sin brillo y sin calor. El genio enfurecido, se apiado del hombre,
ser pueril y desagradecido, y los doto de un joven sol, aunque pequeño y caprichoso.
Pero castigo al populacho y al mercachifle, para que jamás desde entonces conocieran la virtud, y la ignorancia se propago por la heredad de los hombres, dejando a los poetas, el dolor de errar por la tierra, componiendo versos que rediman la virtud del ser.
Bajo el manto innoble de infinitas soledades, vaga el poeta desde entonces
Entregando su virtud a los hombres, que desde aquel lejano pacto
Rifan vilmente en las ferias del pueblo.